Insumos: la palabra que irrita a media España (sin razón)
Hace diez días, un periodista de El Mundo soltó en directo: "El calor ha llegado pronto, a 2 de julio que estamos". La ocurrencia le valió la chanza habitual, pero lo que realmente encendió a cierta audiencia fue que, en ese mismo informativo, se refirió a los lotes de material sanitario donados a Venezuela con la palabra 'insumos'. El término, antaño confinado a manuales de economía y procesos productivos, se ha colado en el lenguaje periodístico con una virulencia que provoca urticaria en una parte de la opinión pública.
¿La razón del enfado? Que 'insumos' suena a anglicismo disfrazado de tecnicismo, o peor, a 'panchitización' del idioma —una deriva que algunos atribuyen a la influencia latinoamericana en los medios. Pero el dato incómodo es que la palabra no es nueva. En economía, 'insumos' designa los inputs necesarios para producir un bien: materias primas, trabajo, energía. En agricultura, semillas y fertilizantes. En sanidad, jeringas, gasas y reactivos. El filólogo venezolano Ángel Rosenblat ya la recogía en los años 60. La RAE la admite desde 2001.
Lo que ha cambiado no es el léxico, sino el canal. Que un periodista use 'insumos' donde antes se decía 'material sanitario' o 'víveres' es, para sus críticos, un síntoma de colonización cultural. Se argumenta que los medios copian acríticamente el español de América, y que el público, acostumbrado a tragar sin masticar, repite. Pero la misma acusación se podría hacer con media docena de anglicismos que ya nadie cuestiona. La queja suena más a nostalgia por un idioma puro que nunca existió.
La paradoja del purismo lingüístico
El debate es revelador: quienes más se quejan de 'insumos' suelen defender el uso de 'email' o 'meeting' sin pestañear. La selección es arbitraria. 'Insumos' tiene además la ventaja sobre 'inputs': se pronuncia con naturalidad en español y evita el anglicismo crudo. En el fondo, lo que se discute no es la palabra, sino la jerarquía cultural. Que un término llegue de América y no de Nueva York ya es motivo de sospecha.
Y mientras unos maldicen al periodista que dijo 'insumos', el lenguaje sigue su curso. Probablemente, dentro de una década nadie se acordará de la polémica y la palabra estará tan integrada como 'ordenador' o 'fútbol'. Lo que irrita no es el vocablo, sino quién lo trajo.