Italia se apaga: deuda, población en caída y la sombra de China
La economía italiana apenas crece desde hace tres años y pierde una media de
126.000 habitantes cada año. El país que fue la tercera economía de la eurozona se enfrenta a una tormenta perfecta: deuda pública disparada, natalidad por los suelos y una competencia tecnológica
china que ya no se limita a copiar. El contraste con España y Grecia, que crecen entre cuatro y seis veces más, según el análisis que recoge el periodista Fubini, deja a Italia en una posición incómoda. La noticia, publicada originalmente por
Clarín, ha desatado un debate que va mucho más allá de la península.
El elefante en la habitación: patentes chinas y fuga de talento
El análisis de Fubini señala un dato que suele pasarse por alto:
China presenta niveles de patentes internacionales superiores a los de todos los europeos juntos. No es una amenaza futura, es una realidad consolidada. La industria italiana, fuerte en maquinaria de alta calidad, se enfrenta a competidores que ofrecen productos un 4 o 5 veces más baratos, aunque con calidad inferior. Los certificados CE aún protegen parte del mercado, pero la presión es creciente. Mientras tanto, el país pierde población a un ritmo que muchos califican de suicidio demográfico. La natalidad no se recupera y la inmigración, lejos de ser una solución, se percibe como un parche.
¿Por qué España crece más que Italia si ambas tienen deuda alta?
La comparación con España es inevitable. Los datos que maneja Fubini apuntan a que
España y Grecia crecen entre cuatro y seis veces más que Italia, pese a tener déficit públicos más bajos. Una parte del análisis sostiene que el crecimiento español es ficticio, impulsado por la llegada de cientos de miles de inmigrantes anuales que aumentan la población y, por tanto, el PIB. Otra corriente señala que Italia arrastra un lastre estructural: el sur del país, con menor productividad, lastra la media nacional. La realidad es que el diferencial de crecimiento se ha convertido en un argumento recurrente en cualquier conversación sobre la economía europea.
La amenaza china ya no es solo copiar: es innovar
Hace una década, China era sinónimo de imitación barata. Hoy, según los datos que se manejan, el gigante asiático ha pasado a fabricar productos de alta calidad con su propio I+D. La industria italiana, orgullosa de su diseño y su lujo, ve cómo sus ventas se erosionan poco a poco. El proteccionismo europeo, con sus certificados y aranceles, apenas frena la marea. Mientras tanto, Italia sigue perdiendo habitantes:
126.000 al año. Un país que se vacía y envejece tiene menos margen para innovar y competir.
El impuesto al oro y otras medidas desesperadas
La coalición de Meloni ha propuesto un
impuesto sobre el oro para recaudar hasta 2.000 millones adicionales en los Presupuestos. La medida, que rebajaría del 26% al 12,5% la tasa para quienes regularicen sus joyas y lingotes, ha sido recibida con escepticismo. No es la única señal de agobio fiscal. Italia también ha abierto puertas a enfermeros y mecánicos ecuatorianos con contrato regulado, una medida que algunos interpretan como un reconocimiento de que la mano de obra local no cubre las necesidades. La inmigración, en un país con natalidad en caída libre, se convierte en una necesidad económica, aunque políticamente sea un tema incómodo.
El debate sobre la natalidad y el feminismo
En el trasfondo del debate económico aparece una discusión más profunda: la caída de la natalidad. Una parte de los análisis sostiene que el feminismo y los cambios sociales han contribuido al descenso de la natalidad, mientras que otra corriente señala que el problema es la falta de políticas de conciliación y el coste de la vivienda. Los datos son tozudos: Italia pierde población cada año. La pregunta es si hay marcha atrás o si el país se encoge sin remedio.
Italia no es un caso aislado, pero sí uno de los más llamativos. Deuda, demografía y competencia tecnológica son tres frentes abiertos que no se resuelven con un impuesto al oro. La predicción más prudente es que el país seguirá perdiendo peso en Europa, salvo que alguna de las tres variables cambie de rumbo. Y eso, hoy por hoy, no parece inminente.