Tres de cada cuatro hombres mantienen a su pareja: ¿instinto o negocio?
Una encuesta informal, pero significativa, revela que tres de cada cuatro varones aportan más que sus parejas en el hogar o las mantienen por completo. La pregunta incómoda es: ¿por qué?
Las respuestas van desde la pulsión biológica más primitiva hasta el cálculo frío del intercambio sexual. Algunos apuntan a un mecanismo neuronal que convierte al hombre en proveedor de forma casi automática. Según esta corriente, la evolución ha programado al varón para proteger económicamente a la mujer a cambio de afecto y reproducción. Se citan datos como que el 80% de los divorcios son iniciados por ellas, lo que reforzaría la idea de un desequilibrio en la inversión emocional.
El sexo como moneda de cambio
En el lado opuesto, hay quien sostiene que todo se reduce a una transacción: el hombre paga para tener acceso sexual garantizado. Testimonios recogidos entre conocidos indican que la principal ventaja de tener pareja era "poder follar cuando quisieran". Una visión cruda pero extendida, que reduce la relación a un intercambio de recursos por placer.
El factor hijos
Una tercera postura más pragmática señala que la manutención tiene sentido solo cuando hay descendencia. Sin hijos, mantener a la pareja se considera una mala inversión. Esta visión encaja con los datos de divorcio: cuando los niños se van, el vínculo económico pierde su razón de ser.
¿Es, entonces, el hombre un pringado genético o un comprador de afecto? La respuesta probablemente mezcla ambas cosas, pero el dato de la encuesta –tres de cada cuatro– sugiere que el patrón es tan mayoritario que cuesta reducirlo a simple gorrismo o romanticismo.