Por qué un predicador evangélico en el metro de Madrid desata la ira de los viajeros
Un video grabado en el metro de Madrid muestra a un predicador evangélico mexicano arengando a los pasajeros, hasta que un español le espeta que se vaya. La escena, que se ha viralizado, reabre el debate sobre los límites de la libertad de expresión en el transporte público y la creciente presencia de predicadores callejeros de origen latinoamericano.
El incidente: un vagón convertido en púlpito
En el video, el predicador, identificado como mexicano, vocifera su mensaje religioso en un vagón de metro atestado. Un viajero español, visiblemente molesto, le increpa con un "¡Pire!", expresión coloquial para exigirle que se marche. La reacción del resto de pasajeros, entre miradas de aprobación e incomodidad, refleja la división de opiniones.
Legalidad: ¿se puede predicar en el metro?
El reglamento del Metro de Madrid prohíbe "realizar actividades que perturben la tranquilidad de los viajeros" y establece que los empleados o la policía pueden expulsar a quienes incumplan. Sin embargo, la línea entre predicación pacífica y molestia es difusa. Algunos argumentan que el proselitismo no está explícitamente prohibido si no implica petición de dinero ni obstrucción, pero la realidad es que la norma se aplica de forma discrecional.
El contexto: auge evangélico y migración latina
Detrás del incidente hay un fenómeno mayor: el crecimiento de iglesias evangélicas en España, impulsado por la inmigración latinoamericana. Según datos del CIS, el porcentaje de evangélicos en España se ha multiplicado en la última década, y Madrid concentra la mayor parte de estas comunidades. Los predicadores callejeros, a menudo vinculados a estas iglesias, buscan captar fieles en espacios públicos como el metro, lo que genera fricción con una sociedad mayoritariamente secular.
Posturas enfrentadas
Por un lado, quienes consideran que el metro no es lugar para proselitismo y defienden el derecho a viajar sin ser molestados. Por otro, quienes ven en la reacción del viajero una muestra de intolerancia religiosa y xenofobia. Un tercer grupo aprovecha para criticar a los partidos políticos, acusando a Ayuso de permitir la entrada de estos grupos y al PSOE de promover una agenda multicultural que, según ellos, degrada el espacio público. El debate, lejos de cerrarse, refleja las tensiones entre libertad individual, convivencia y cambio social.
Lo que el video no muestra es que el predicador, antes de ser increpado, podría haber estado predicando durante varios minutos sin respuesta. La pregunta que queda en el aire: ¿dónde acaba la libertad de expresión y empieza la imposición?
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