El ranking de mujeres por nacionalidad y su sesgo de muestreo
Otra vuelta de tuerca del clasificador digital. La pregunta era simple: si hubiera que elegir una nacionalidad femenina, ¿cuál se lleva la corona? La respuesta, en lugar de datos, produjo una jerarquía de países que debe más al imaginario que a la demografía: Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, India, Japón y China, en ese orden. Por el camino, África se despachó con un tópico sobre salud que no resiste el mínimo contraste con la evidencia.
Lo curioso del intercambio no es el resultado, sino su construcción. La selección es un artificio: se escoge a una inglesa guapa y delgadita y se la presenta como si representara a la mujer media del Reino Unido. Una de las voces presentes lo verbalizó sin querer: esa elección dice más de la dieta audiovisual de quien elige que del país elegido. Esa observación, casi perdida entre ocurrencias, es la única que aporta algo.
El problema no es jugar a listas, sino disfrazar de preferencia estética lo que es puro prejuicio nacional. Reducir a una mujer a su pasaporte, o a un continente a una etiqueta sanitaria, no dice nada de ellas. Dice todo de la mirada de quien clasifica.
La próxima vez que a alguien se le ocurra proponer este concurso, conviene recordar el detalle que descoloca al final: ninguna de las personas que votaron se molestó en comprobar si su país favorito tenía una muestra representativa. El ranking, al fin, es un autorretrato. Y no es halagüeño.