El 1 de enero tu bolsillo lo nota: IVA al 4% en alimentos y luz al 21%
El calendario fiscal no perdona. Con el año nuevo entran en vigor una batería de cambios tributarios que tocan la cesta de la compra, la factura eléctrica, la nómina y hasta la basura. El IVA de los alimentos de primera necesidad pasa del
2% al 4%; el aceite de semillas y la pasta, del
7,5% al 10%; y la electricidad recupera el
21% tras el periodo de tipos reducidos. No es una subida simbólica: es la vuelta escalonada al régimen ordinario de un paquete de medidas que se vendió como temporal y que, como casi siempre en este país, se ha quedado a vivir.
La lista no acaba ahí. Desaparecen las deducciones en el IRPF por reformas que reduzcan el consumo energético en vivienda, se crea una
tasa obligatoria para todos los ayuntamientos por la recogida y reciclaje de residuos urbanos —el conocido como basurazo— y se añaden nuevos gravámenes a los productos derivados del tabaco, incluidas bolsas de nicotina y líquidos para vapeadores.
Qué sube exactamente el 1 de enero
El paquete fiscal toca varios frentes a la vez. En el plano empresarial, se elevan los gravámenes a las grandes empresas que obtengan beneficios en el extranjero, mientras el impuesto a las pymes baja del
25% al 20%. Se mantiene en el aire el nuevo impuesto a las energéticas, cuya concreción sigue pendiente. En el tramo alto del ahorro, la tributación sube hasta el
30% para rentas que superen los
300.000 euros anuales.
En la nómina, el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) sube hasta el
0,80% —0,67% a cargo de la empresa y 0,13% del trabajador—. Y aparece una
cuota de solidaridad no contributiva para salarios que superen los
4.909 euros brutos mensuales, con tramos de entre el 0,92% y el 1,17%.
El detalle importa: el calendario está diseñado para que estas subidas entren justo cuando arranca el año, lo que evita que se incorporen al IPC anual y, por tanto, que arrastren las cláusulas de revisión salarial de los convenios. Un ajuste silencioso que no aparece en las ruedas de prensa.
El mecanismo de equidad y la cuota de solidaridad: quién paga la jubilación
El MEI y la cuota de solidaridad concentran buena parte del malestar. El argumento oficial es sostener el sistema de pensiones ante el envejecimiento demográfico. La lectura menos amable es otra: se traslada el coste a la nómina del trabajador en activo mientras las pensiones mantienen su poder adquisitivo. Hay quien lo resume con una frase que circula: el currante cobra cada vez menos mientras los jubilados acumulan pensiones y pisos en alquiler.
El diseño temporal refuerza esa sospecha. Aplicar las subidas el 1 de enero impide que computen en el IPC del año que cierra, lo que a su vez evita que se activen las cláusulas de revisión salarial ligadas al índice. El efecto es doble: se recauda más y se contiene la escalada de salarios indexados. Para las rentas medias y altas, el golpe se reparte entre la nómina, el ahorro y el consumo.
El basurazo: la tasa municipal que llega a todos los hogares
La nueva tasa de residuos es obligatoria para todos los ayuntamientos. El tributo responde a una exigencia europea de que el coste del servicio de recogida y tratamiento no recaiga en los presupuestos generales, sino en el usuario. En la práctica, se traduce en una factura más que el contribuyente no puede esquivar.
La medida ha generado un efecto secundario curioso: parte de la población se plantea dejar de separar residuos ante la evidencia de que pagará igual. Es la lógica del incentivo perverso, esa que convierte una política ambiental en un motivo más de cabreo doméstico.
La lectura política: del bulo a la guerra civil
La recepción del paquete ha sido desigual. Una parte lo atribuye a una supuesta inocentada difundida por la extrema derecha y sostiene que son bulos. Otra lo enmarca en una estrategia deliberada de desgaste: subir impuestos hasta que la gente estalle. Y una tercera, más pragmática, recuerda que los partidos que prometían no subir impuestos perdieron las elecciones, de modo que el resultado electoral legitima el ajuste.
La discusión deriva a veces hacia terrenos más ásperos, con acusaciones cruzadas de buscar un conflicto civil o de destruir instituciones. Es el ruido habitual. Debajo queda el dato: la carga fiscal sube en los conceptos que más se notan en el día a día, no en los que se discuten en los telediarios.
Con estos números sobre la mesa, la previsión razonable es que la presión sobre el consumo se note en el primer trimestre, sobre todo en alimentación y energía. Cuánto exactamente, nadie lo sabe todavía. El calendario está fijado; el impacto real dependerá de cómo reaccionen precios, salarios y hábitos de compra en los próximos meses.