Alemania pide perdón por Gernika y el relato salta por los aires
El presidente alemán viaja a Gernika para pedir perdón por el bombardeo de 1937. La noticia, que en teoría es un gesto diplomático menor, ha abierto una caja de truenos: ¿por qué el jefe del Estado alemán sí y el español no? La pregunta la lanzó un tuit que se hizo viral y que resume el cabreo: «El presidente alemán no es heredero de Hitler, pero va a pedir perdón. En cambio, el jefe de Estado español, que sí es heredero de Franco, no lo va a hacer». A partir de ahí, el asunto dejó de ser sobre
Alemania y pasó a ser sobre todo lo demás.
Qué se pide exactamente y a quién
El gesto alemán se interpreta como un reconocimiento simbólico de la
Legión Cóndor en el bombardeo de la localidad vasca. La respuesta inmediata de una parte del personal es la misma que se da cada vez que se menciona la memoria histórica:
y tú más. ¿Pidieron perdón los anglosajones por los bombardeos sobre Alemania? ¿Lo hizo la URSS por el oro español? ¿Y los musulmanes por los esclavos? La lista de agravios comparados es infinita y sirve, sobre todo, para no hablar del asunto concreto.
Hay un argumento que se repite con insistencia: el perdón sin indemnización no vale nada. «Perdón sin restitución del daño VALE NADA», resume una intervención. La idea de fondo es que el gesto alemán es barato: cuesta cero euros y queda muy bien en la foto. Si de verdad hay responsabilidad histórica, que se traduzca en algo tangible.
El problema de las cifras: ¿cuántos murieron en Gernika?
Aquí el asunto se enreda. Una parte del personal sostiene que en Gernika murieron
menos de 200 personas, y algunos bajan la cifra hasta
126. El dato se usa para relativizar: comparado con el 11-M o con la Dana, el número es pequeño. Otros replican que la importancia no está en el número, sino en que fue el
primer bombardeo sobre población civil de la historia, o al menos el primero con esa repercusión internacional.
La polémica sobre quién bombardeó primero también sale a relucir. Según se cita, el bando republicano habría bombardeado
Tetuán, Oviedo, Granada, Zaragoza, Córdoba y Sevilla antes de julio de 1936, y
Oviedo recibió 208 bombardeos. Gernika, en cambio, sería de abril de 1937. La conclusión que se extrae es que el relato de Gernika como primer bombardeo civil es propaganda.
El papel de Picasso y la propaganda de guerra
El cuadro de Picasso es otro frente abierto. Hay quien sostiene que el famoso lienzo iba originalmente sobre la tauromaquia y la muerte de un torero, y que después se
reinterpretó como símbolo del sufrimiento republicano. La acusación es fuerte: el arte como herramienta de propaganda.
El origen internacional del mito también se discute. Se menciona a un periodista llamado
George Steer, que publicaba en
The Times y que habría contribuido a la «devastación absoluta de Gernika». Según esta versión, el PNV habría sobornado a periodistas para amplificar el relato. Son afirmaciones que circulan sin prueba documental en la conversación.
El PSOE, el PNV y la memoria selectiva
El asunto deriva en un ajuste de cuentas entre partidos. Se pregunta si el PSOE ha pedido perdón por el bombardeo de
Cabra durante la guerra civil. Se pregunta si el PNV ha pedido perdón por los atentados de ETA, con una cifra sobre la mesa:
853 asesinados. Se pregunta si la izquierda ha pedido perdón por Belchite. La lista es larga y el patrón es siempre el mismo: nadie pide perdón por todo, así que nadie pide perdón por nada.
La intervención más repetida es la del ciudadano de a pie: «Soy español y tampoco hice el bombardeo de Gernika». La conclusión implícita es que la culpa colectiva es una ficción jurídica que solo sirve para que unos cuantos cobren réditos políticos.
Qué pasa con el rey de España
El núcleo del tuit original era ese: el jefe del Estado español no va a pedir perdón por Franco. La respuesta desde cierta trinchera es que el rey no tiene por qué pedir perdón por algo que no hizo, y que el gesto alemán es una anomalía europea. Desde la otra, que la monarquía española es heredera directa del franquismo y que ese silencio es la prueba.
El asunto se enreda con la cuestión territorial. Se argumenta que el PNV quiere que el rey pida perdón para luego poder decir que el País Vasco es una nación independiente y que España le pide perdón por el daño causado. La jugada, según esta lectura, no es de memoria histórica sino de construcción nacional.
Al final, la pregunta que queda flotando no es si Alemania debía pedir perdón. Es si alguien cree de verdad que estos gestos sirven para algo más que para llenar titulares. Porque el perdón, cuando no va acompañado de nada, se parece sospechosamente a una campaña de imagen.