Dimon llamó «fraude» al bitcoin: JP Morgan predice 650.000 dólares
Septiembre de 2017. El bitcoin acumulaba una revalorización superior al 300% en lo que iba de año y Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan, subió al escenario de una conferencia organizada por Barclays para decir lo que pensaba: la criptomoneda
«es un fraude», «no es una cosa real» y terminará peor que la burbuja de los tulipanes del siglo XVII. La cotización reaccionó con una caída del
2%, el mínimo de la sesión. Dimon remató con una amenaza interna —despedirá «en un segundo» a cualquier comercial del banco que negocie con bitcoins— y con un chiste sobre su hija, que había comprado y ya se creía un genio.
Qué dijo Dimon y por qué la cita sigue dando coletazos
La intervención del banquero llegó en el momento más incómodo: el bitcoin
superaba al Nasdaq como la
inversión más caliente del año y las compras se habían disparado. Dimon no se quedó en la crítica técnica. Comparó la moneda con los bulbos de tulipán del siglo XVII, el episodio que los manuales usan como ejemplo canónico de
burbuja, y lo hizo con una fórmula más dura: «es peor que los tulipanes, no va a terminar bien».
El efecto en el mercado fue inmediato y modesto: un
2% de caída, mínimo de la sesión. Nada parecido a un desplome. Esa desproporción entre el peso de quien habla y el movimiento del precio es, en sí misma, una de las claves de todo lo que vino después.
¿Por qué un banquero ataca al bitcoin?
Aquí las lecturas se separan. Una corriente sostiene que el consejero delegado de JP Morgan defiende su negocio: el bitcoin se diseñó, precisamente, para no necesitar un intermediario que cobre por mover dinero. Otra recuerda que la entidad recibió dinero público en el rescate bancario de la crisis de 2008-2009 —la de las hipotecas
subprime—, de modo que la lección de moral financiera suena, cuanto menos, forzada.
Y una tercera, menos amable, apunta al calendario: el
300% de subida anual estaba dejando en evidencia a quien llevaba años diciendo que aquello no valía nada. Cuando el precio no obedece, se ataca al activo.
El valor refugio, el oro y el efecto red
Frente a la tesis del fraude se levanta el argumento de la utilidad. El bitcoin se comporta, según esta lectura, como el oro: un
valor refugio con ventajas operativas difíciles de discutir —se mueve, se subdivide, se intercambia y se esconde mucho mejor que un lingote—. La comparación se extiende a la transferencia: enviar valor a Japón en minutos y por céntimos no tiene equivalente en la banca tradicional.
Al margen del precio, la defensa más sólida es la del
efecto red. Cualquiera puede copiar la tecnología, que es de código abierto, igual que cualquiera puede montar una red social; lo que no se copia son los millones de carteras, intercambios y usuarios ya enganchados. Ese, y no el algoritmo, es el foso.
¿Es una burbuja el bitcoin o el dinero con el que se compra?
La objeción más repetida apunta al precio: hay más de
1.000 criptomonedas en el mercado, cada día nace una nueva y la cotización se mueve por especulación con dinero
fiat, no por razones tecnológicas. Una ballena puede tumbar el gráfico cuando quiera. Todo cierto, responden, y todo aplicable a cualquier activo escaso.
El giro interesante llega al poner el foco en el otro lado del par. Según este razonamiento, con el euro pasa algo parecido: el
BCE no crea ni el 2% del dinero de la zona euro —el grueso lo generan los bancos al conceder préstamos— y no existe respaldo material alguno. Si el criterio para llamar fraude a una moneda es que nadie la avala, el billete de curso legal no sale mejor parado.
El giro de JP Morgan: de «fraude» a previsión de 650.000 dólares
El tiempo ha hecho lo suyo. Con los años, la propia entidad ha terminado publicando una previsión de precio para el bitcoin que llega hasta los
650.000 dólares. Quien ordenaba despedir a cualquier empleado que negociase con bitcoins publica ahora informes sobre cuánto pueden valer. La lectura que se impone en el sector resume el episodio con sorna: «JP finalmente dobló la rodilla ante las criptos».
El calendario que usan los defensores: ignorar, reír, atacar, ganar
Los más veteranos tienen su propia cronología. Primero te ignoran (2010), después se ríen de ti (2013), luego te atacan (2016), entonces ganas (2019). La cita, reciclada para cada tecnología incómoda, se ha convertido en la forma estándar de leer a Dimon: no como un analista que se equivoca, sino como una fase del proceso.
Y en ese punto se atasca la discusión, nueve años después del primer titular. La caída del 2% que siguió a la palabra «fraude» invita a pensar en un episodio menor; la previsión de 650.000 dólares de quienes entonces lo negaban, en algo bastante más grande. Ninguna de las dos cosas dice qué respalda el precio. Sigue sin haber respuesta.