Ningún presidente español ha acabado en la cárcel: el pronóstico que reta a la historia
Pedro Sánchez no va a acabar entre rejas. La historia, al menos, lo dice. Pero el pronóstico que lleva años circulando en los márgenes del análisis político no se rinde: entre rejas o emigrado, el final del presidente del Gobierno se escribiría fuera de La Moncloa. Una corriente cada vez menos minoritaria sostiene que la acumulación de casos judiciales en su entorno acabará por derribarle. La otra corriente responde con un dato incontestable: desde el fin de la Guerra Civil, ningún presidente del Gobierno español ha pisado la cárcel, ni siquiera ha sido juzgado por hechos de su mandato.
El precedente que pesa como una losa
Franco, Carrero, Arias Navarro, Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Todos gobernaron, varios con escándalos de corrupción a la espalda, y ninguno acabó en prisión. La regla no escrita del «perro no come perro» ha blindado a los inquilinos de Moncloa: quien llega al poder sabe que su antecesor podría tener material para hundirle, y nadie quiere abrir esa caja. Romper esa lógica con Sánchez supondría sentar un precedente que nadie en el establishment quiere para sí.
Esa es la razón de fondo por la que el escenario carcelario se antoja remoto, por mucho que la indignación ciudadana lo reclame. La condena social y la condena judicial son vasos comunicantes en la teoría, pero en la práctica la justicia española ha mirado hacia otro lado con los presidentes.
La cadena de casos que alimenta la teoría
El pronóstico se sostiene sobre una acumulación de frentes abiertos. La trama Koldo, la presunta red de comisiones en la compra de mascarillas, ya provocó la destitución del secretario general de Puertos del Estado tras supuestamente mentir a los investigadores sobre sus contactos. Después llegó el caso Begoña, la investigación periodística que puso el foco sobre la esposa del presidente, Begoña Gómez. Y el caso de las menores tuteladas en Baleares, vinculado a Francina Armengol, añade otra pieza.
Quienes pronostican la caída ven en estos casos un mecanismo de «detonación controlada»: una cadena de personas sometidas por tener cadáveres en el armario, que colaboran mientras les conviene y que acaban pegando el cerillazo final cuando el fuego llega a su posición. El último eslabón, siempre según esta lectura, sería Sánchez.
La vía de la fuga: Marruecos y los 33 vuelos en Falcon
Si no es la cárcel, será el exilio. Esa es la segunda pata del pronóstico. Los 33 viajes en Falcon del presidente se citan una y otra vez como indicio de una hoja de ruta que contempla la salida precipitada de España. El detalle que alimenta la especulación: según se argumenta, Marruecos carece de tratado de extradición con España, lo que lo convertiría en destino natural para quien quisiera esquivar a la justicia.
Los escépticos responden que la pensión vitalicia de expresidente y la comodidad del ostracismo son un incentivo mucho más poderoso que cualquier plan de fuga. Pero la mera existencia de la teoría dice algo del clima político: la posibilidad de que un presidente del Gobierno abandone el país perseguido por la justicia ya no suena a ciencia ficción.
La historia, que nunca se ha escrito con un presidente entre rejas, sugiere que el pronóstico se quedará en agua de borrajas. Pero la historia tampoco había visto antes una investigación contra la esposa de un presidente en ejercicio, ni una trama de mascarillas con el dedo apuntando a Moncloa. Quizá la impunidad presidencial no sea una ley natural, sino una costumbre que está a punto de caducar. O quizá no. Lo fascinante del pronóstico es que sigue abierto.