Protestas contra Israel interrumpen La Vuelta y llegan a Madrid
La Vuelta Ciclista a España 2025 ha dejado de ser una carrera. El equipo Israel-Premier Tech, invitado por la organización, ha visto cómo varios manifestantes pro-palestinos cortaban su contrarreloj por equipos en Olot, sexta etapa y segunda por carretera española. La pancarta era explícita: «La neutralidad es complicidad. Boicot a Israel». Lo que empezó con cinco personas en Figueres encendiendo la mecha, según el relato que circula, se multiplicó por ciudades hasta terminar con miles en Madrid y la suspensión de los últimos ocho kilómetros de la etapa final.
El asunto tiene una derivada judicial que conviene no perder de vista. La Fiscalía solicita casi ocho años de cárcel a cuatro activistas de Valladolid por las protestas contra el equipo israelí durante la ronda española. La cifra, que aparece en el material, marca la diferencia entre una pancarta y un expediente.
Quién está detrás del equipo Israel-Premier Tech
El propietario del equipo es Sylvan Adams, magnate canadiense nacionalizado israelí. Sobre él circula una declaración atribuida: «Me acusan de ser sionista. No me avergüenzo, estoy orgulloso de serlo». Adams ha calificado a los manifestantes de «terroristas» y ha sostenido que la UCI lo apoya. La organización ciclista no ha desmentido públicamente esa versión en el material disponible.
Hay quien sostiene que la creación del equipo tuvo desde el principio una función de lavado de imagen. Otros defienden que los corredores son profesionales que aceptaron una oferta y compiten, sin más. La discusión sobre si el eslabón individual carga con la responsabilidad del patrocinador es, probablemente, la más repetida del asunto.
El Principado de Asturias pide que el equipo abandone
El Principado de Asturias instó al Israel-Premier Tech a abandonar la Vuelta con un comunicado en el que afirmaba que «no podemos permanecer impasibles ante la masacre de Gaza». El Ayuntamiento de Barcelona, que acoge la salida del Tour en 2026, ha pedido que se excluya al equipo israelí de la prueba francesa. Son dos administraciones públicas, no activistas, las que han movido ficha.
El Angliru también se vio afectado: una
protesta detuvo la cabeza de carrera a pie de la subida. La carrera, como competición, quedó en segundo plano.
Qué se discute cuando se discute el boicot
La línea argumental más repetida en contra de las protestas es que el equipo ciclista no tiene culpa de la política de un Gobierno. «Es como si alguien justificase lo que pasa allí por Hamás», resume una de las intervenciones. La respuesta desde el otro lado es que la neutralidad también es una posición, y que un equipo que exhibe la bandera de Israel en cada etapa es un escaparate, no un ente abstracto.
Hay un tercer grupo que apunta a la forma: bloquear la carrera afecta a corredores de todos los equipos, no solo al israelí. La integridad física de los ciclistas, sostienen, no debería ser moneda de cambio. El cálculo completo, con las etapas afectadas y los kilómetros neutralizados, da una cifra que sorprende a quien solo leyó el titular.
El contexto que arrastra el conflicto
El trasfondo del asunto es la guerra en Gaza y la calificación de genocidio que una parte de la opinión pública internacional atribuye a la actuación del Estado israelí. En el material aparecen referencias a Hamás como milicia financiada por Irán, a Hezbolá y a la convención de Ginebra de 1949 sobre castigo colectivo. La discusión deriva, con frecuencia, hacia el derecho internacional y hacia la historia de los conflictos de Oriente Próximo.
La Fiscalía, mientras tanto, sigue con su petición de penas para los cuatro activistas vallisoletanos. El asunto no está cerrado.
Con estos mimbres, la Vuelta 2025 ha terminado siendo un termómetro de otra cosa. La carrera sigue. El debate, también.