El victimismo como diagnóstico: la tesis que recorre el debate
¿Por qué tantas discusiones sobre política acaban juzgando la psicología del vecino? Circula en el debate una tesis que atribuye cuatro rasgos compartidos —no asumir la responsabilidad de los propios errores, amoralidad, parasitismo y negatividad permanente— a dos colectivos muy distintos entre sí: los marxistas y las mujeres. La propuesta, formulada con porcentajes tan rotundos como discutibles, ha reabierto un debate sobre estatismo, victimismo y responsabilidad personal.
La tesis del victimismo compartido
El punto de partida atribuía esos cuatro rasgos al «99%» de los dos grupos. Tras las objeciones, el propio autor los rebajó a «la inmensa mayoría» o al 80%, en homenaje a Pareto. A la lista se sumaron después la envidia como motor central y la necesidad permanente de crear conflicto, con mención a Ayn Rand como ejemplo de ese primer rasgo.
La respuesta no se hizo esperar: se reprocha que el diagnóstico sea una generalización sin evidencia, formulada desde la experiencia personal de quien la escribe. «No conoces a ninguna mujer», resume una de las réplicas. Otra voz da la vuelta al argumento y sostiene que los mismos rasgos describen a la derecha: el empresario que pide rescate tras externalizar costes, las comisiones que se atribuyen a dirigentes del PP o el votante de Vox que exige orden y lo justifica todo si lo hace su bando. Otra intervención traslada el retrato a la política estadounidense y lo aplica a Donald Trump, con su ruptura con Elon Musk como ilustración.
Del estatismo al papá Estado: la hipótesis generacional
El análisis se desplaza hacia un terreno más concreto. Una corriente sostiene que el problema es el crecimiento continuo del Estado del bienestar: cada generación lo interioriza como base y pide más, hasta que la renta básica universal deja de parecer una utopía. Frente a eso, se recuerda que el Estado empezó a construir carreteras y ferrocarriles cuando la tecnología lo permitió, y que hoy muchos ciudadanos de 70 años se operan de cataratas con láser, algo impensable hace 150 años. El contraargumento: causa y efecto están invertidos, y el ciudadano lleva décadas delegando en «alguien que se encargue».
¿Por qué todo se achaca al Estado?
Porque el Estado ha ido asumiendo cada vez más servicios y responsabilidades, y porque el rédito electoral está en amplificar los problemas, no en resolverlos. De ahí el diagnóstico del «modelo de negación de la adultez»: quien creció sabiendo que nadie le iba a salvar se hace adulto; quien espera un sustituto de papá, no. El ejemplo que se cita sobre la división ideológica: Franco nacionalizó minas, telecomunicaciones, aviación y ferrocarriles.
Con estos mimbres, la discusión sobre quién es víctima y quién responsable sigue en el hilo.