Looksmaxing: la última frontera de la ansiedad masculina por el físico
Lo que comenzó en los márgenes de internet como un subforo incel se ha convertido en una corriente mainstream entre hombres jóvenes, especialmente en Estados Unidos. El looksmaxing —fusión de "looks" y "maximizar"— propone la búsqueda deliberada de un ideal hipermasculino a través de rutinas de ejercicio, procedimientos estéticos y, en los casos más extremos, el uso de testosterona desde la adolescencia.
Que un chaval de 14 años se esté inyectando hormonas para "maximizar" su aspecto ya no es una rareza aislada. Comentarios en redes revelan que la práctica se normaliza bajo el paraguas de la "optimización personal". Quienes lo defienden lo consideran una evolución lógica: el hombre debe mejorar su imagen como cualquier otro activo. Pero los críticos señalan el coste psicológico: la presión por alcanzar unos estándares imposibles genera una ansiedad comparable a la que sufren las mujeres con los cánones de belleza femeninos.
El fenómeno no es homogéneo. En España, la mentalidad sigue siendo más de "curtirse" que de intervención química. Sin embargo, la brecha generacional es evidente: mientras los millennials recuerdan salir de fiesta sin más equipaje que una camiseta de Coca-Cola, la generación actual se enfrenta a una exigencia múltiple —estudios, hobbies, dinero y físico— que convierte el ocio en una competición de apariencias.
A medio plazo, cabría esperar una reacción contraria o la aparición de patologías asociadas. El looksmaxing puede ser la punta del iceberg de una crisis de identidad masculina que, bajo el eslogan de la "mejora personal", esconde una jaula de oro.