Carlos, el peor informático: cuando el diagnóstico es reiniciar el router
Ochenta pavos por ver al técnico darle al botón de reinicio. No es una leyenda urbana: es lo que cobra un tal Carlos, según coinciden varias fuentes. La comparación con un vecino con síndrome de Down que reventaba disqueteras a base de meter discos torcidos —y aun así tenía más tino— ilustra el nivel.
El Spectrum no funciona, pero el técnico sí cobra
La metáfora del Spectrum (el mítico ordenador de los 80) esconde una realidad incómoda: el servicio técnico de a pie ha tocado fondo. Un hilo sin desperdicio detalla cómo el susodicho, al verse superado, se dedica a borrar sus propios mensajes para que no quede rastro. Como si con borrar el historial se arreglase el sistema operativo.
La anécdota del vecino con diversidad funcional que metía los disquetes al revés no es un chiste gratuito: subraya que la incompetencia de Carlos no necesita hipérbole. El vecino al menos tenía un método —erróneo, pero coherente—; Carlos, según las crónicas, se limita a hacer un "report e ignore" cuando las cosas se tuercen.
El coste oculto de la chapuza tecnológica
Más allá del chiste, el caso revela un agujero en la formación técnica del sector. Si un particular que mete físicamente los discos al revés resulta más predecible que un profesional que cobra 80 euros por reiniciar, algo huele a podrido en el mercado de la reparación informática. La pregunta que queda en el aire: ¿cuántos Carlos pululan por las PYMES sin que nadie los fiscalice?
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