El inglés oral se fragmentará en 2126: adiós a la lengua franca
¿Qué pasará con el inglés cuando ya nadie tenga poder para imponer una pronunciación estándar? Un análisis de inteligencia artificial proyecta que en 2126 el inglés oral se habrá fracturado en múltiples dialectos ininteligibles entre sí, mientras el inglés escrito simplificado sobrevive como interfaz digital y comercial. La tesis es que la ortografía congénitamente defectuosa del inglés acelera su fragmentación, al no existir un hegemón que marque la pauta hablada.
La gran bifurcación del inglés
La predicción dibuja un mapa lingüístico de tres capas: una capa escrita/maquina dominada por un inglés simplificado (no hablado); una capa oral macro-regional con español, francés africano y mandarín como lenguas de diplomacia y comercio; y una capa local de lenguas maternas. El inglés oral desaparece como lingua franca, y su lugar lo ocupan idiomas con ortografía más fonética y demografía creciente.
Sin embargo, no todos lo ven claro. Hay quien argumenta que internet y la conectividad permanente evitan la fragmentación: el contacto constante entre hablantes de todo el mundo, unido al enorme número de no nativos, tiende a homogeneizar los dialectos, no a dividirlos. Basta ver cómo los acentos regionales se diluyen en castellano gracias a los medios globales.
El factor económico: el dólar y el mandarín
Otra corriente apunta al peso de la inercia financiera. Mientras el dólar (o lo que quede) sea el patrón del comercio global, el inglés escrito seguirá siendo el idioma de los contratos, no por virtudes lingüísticas sino por la deuda acumulada. Y a largo plazo, el mandarín podría imponerse como lengua franca por puro peso demográfico y económico, sin romanticismos fonéticos. El español como lengua de confianza diplomática suena más a deseo hispanista que a proyección realista.
En África, la pugna entre el francés y el árabe por ser la lengua franca regional se presenta como insostenible: solo uno sobrevivirá como vehículo común. La Francofonía lo intentó en los 60 y fracasó ante el empuje del inglés comercial; el siglo XXII podría cerrar la partida.
El escenario a cien años vista es incierto, pero una cosa está clara: el inglés oral como lo conocemos tiene los días contados. O se unifica por la red o se rompe en mil pedazos. Mientras tanto, el español sueña con ser la lengua de la confianza diplomática. Ya nos dirán si el sueño dura otros cien años.