El declive educativo español: un curso perdido en una década
Los resultados del último informe PISA han vuelto a poner el foco en la educación española. Los alumnos de ahora van cerca de un curso escolar por detrás de los de hace una década. La pregunta es qué ha cambiado para llegar a esto. Las respuestas apuntan a un cóctel de factores estructurales que van más allá de la pandemia o de la digitalización.
Causas estructurales: ratios, reformas y móviles
El sistema educativo español arrastra problemas de fondo. Las ratios siguen siendo elevadas: 20 alumnos por aula en infantil y 25 en primaria, frente a los 6-8 y 10-12 que se consideran de referencia en otros países desarrollados. Además, en cuatro décadas se han sucedido ocho reformas educativas, cada una con su propia ley y su propio enfoque, sin que ninguna haya logrado consolidar un modelo estable.
A esto se suman factores más recientes. El uso generalizado de móviles entre los estudiantes se ha asociado a una menor capacidad de atención y a un descenso en la lectura en papel. Hay quien sostiene que el sistema educativo no es un amigo al que hay que reformar, sino un enemigo al que hay que derrotar. La frase es dura, pero refleja una corriente de opinión cada vez más extendida.
El caso de Navarra y la brecha socioeconómica
El análisis de la caída en Navarra, una de las comunidades con peores resultados, apunta a varios factores: el aumento del alumnado de origen inmigrante, las diferencias socioeconómicas, la pérdida de rendimiento en la red pública y el retroceso en comprensión lectora. Son problemas estructurales que no se resuelven con parches.
La brecha socioeconómica es especialmente preocupante. En Alemania, la diferencia en ciencias entre alumnos no inmigrantes e inmigrantes alcanza los 125 puntos, frente a los 85 de la media de la OCDE. Es un dato que descoloca: el problema no es solo español, pero aquí se agrava por un sistema que ha hecho ocho reformas en cuatro décadas sin un rumbo claro.