La edad de oro rumana: petróleo, Art Déco y un terremoto
La Rumanía de entreguerras no fue un espejismo: fue una potencia europea en miniatura. En aquellos años Bucarest acumuló la riqueza del
petróleo, se convirtió en cruce de rutas entre Oriente y Occidente y el país alcanzó su mayor extensión territorial, unos 300.000 km². Sin embargo, la imagen de ciudad pujante que muestran las fotos de 1923, con sus calles llenas de automóviles y sus casi rascacielos Art Déco, pertenece a la postal de las élites, no al conjunto de la sociedad.
El derrumbe, en sentido literal
La decadencia no la provocó solo la
guerra. En 1940, un terremoto de magnitud 7,7 echó abajo muchos de esos edificios que habían dado a Bucarest una silueta moderna. Después llegó el comunismo, y la memoria de aquel esplendor quedó sepultada durante décadas. Quien quiera asomarse a ese mundo tiene una puerta literaria: las novelas sobre Bucarest y Atenas publicadas por Libros del Asteroide, que retratan la vida en la Rumanía de la época y la sordidez de la corte de Carol II. Hoy el país vuelve a crecer y supera el 77% de la renta per cápita media de la UE, pero la pregunta incómoda sigue ahí: ¿fue realmente una edad de
oro o una burbuja para unos pocos? La historia del boom urbano-petrolero invita a la cautela: los esplendores que se construyen deprisa también se derrumban deprisa.