Máquinas de vending: el Verifactu y el vandalismo aprietan la rentabilidad
El 1 de enero de 2026, las sociedades limitadas que explotan máquinas de vending tendrán que adaptar sus equipos al Verifactu. La norma, que obliga a emitir ticket electrónico y a informar en tiempo real de cada venta, ha puesto patas arriba un negocio que ya arrastraba problemas de vandalismo y márgenes ajustados. La pregunta que muchos emprendedores se hacen es si todavía tiene sentido alquilar o comprar una expendedora.
El Verifactu, el golpe definitivo
El Verifactu no es una amenaza lejana. Según la normativa, el 1 de enero de 2026 entra en vigor para las sociedades limitadas, y el 1 de julio de 2026 para autónomos y profesionales. Esto implica que las máquinas de vending deben tener conexión a internet, emitir un ticket con QR y reportar cada venta en tiempo real. Para muchos operadores, esto supone cambiar las tripas de las máquinas o directamente darlas de baja. En el sector ya se ha visto un movimiento de desmantelamiento de locales y venta de máquinas, porque el margen no da para asumir ese coste.
Vandalismo y ubicación: el factor que decide
La ubicación es el factor crítico. Un caso real: una emprendedora puso una máquina en su ciudad y los vándalos la reventaron. La arregló, la volvió a poner, y a la semana la reventaron de nuevo. En España, dejar una máquina de valor en la calle es un riesgo. Un análisis de la situación en Avilés, Asturias, es demoledor: de 10 locales con vending en el centro, 6 tienen las máquinas despanzurradas y abandonadas, 2 en servicio pero con ventas mínimas, y el resto en situación similar. La conclusión es que el vandalismo y la mala ubicación son la ruina asegurada.
Fabricantes españoles y la alternativa DIY
Curiosamente, los principales fabricantes de máquinas de vending a nivel europeo son españoles, concretamente de Navarra: Azkoyen, Jofemar y GM Vending. Pero hay quien propone una alternativa más radical: montar un vending casero con una Raspberry Pi, un QR y muelles, sin máquinas tochas de cristal y metal. La idea es reducir costes y adaptarse a la era móvil. Sin embargo, el riesgo de vandalismo sigue ahí, y la falta de vigilancia puede convertir cualquier instalación en un objetivo.
¿Cuánto hay que vender para que sea rentable?
La rentabilidad es la gran incógnita. Se sabe que el precio en vending es más caro que en el supermercado, pero se paga la conveniencia. Un ejemplo: un paquete de chasquis cuesta 0,50 euros en un kiosco chino y lo mismo en la máquina. La diferencia es que la máquina está disponible 24 horas. Pero con el Verifactu, los costes suben, y la pregunta es si el consumidor estará dispuesto a pagar más. Algunos operadores apuestan por productos de marca blanca para abaratar, mientras que otros ven en la parafarmacia un nicho potencial, aunque los farmacéuticos bloquean la venta de medicamentos sin receta.
El análisis se atasca en la incertidumbre. El Verifactu aún no ha entrado en vigor, pero ya ha provocado una ola de bajas. La rentabilidad depende de la ubicación, pero el vandalismo y la competencia de los kioscos aprietan. Nadie tiene claro si el negocio sobrevivirá a la nueva era de control fiscal, y los datos de campo no invitan al optimismo.