Aliança Catalana y el tuit de Diada que acabó en cosificación
Un mensaje de Diada se puede discutir por su contenido, por su oportunidad o por su sintaxis. Lo que no debería ocurrir es que se discuta por el cuerpo de quien lo firma. Y ocurrió. La publicación del 11 de septiembre firmada por Sònia Massa, en la órbita de Aliança Catalana, recuperaba el lema de la formación —«Recuperarem la Catalunya que ens mereixem, LLIURE, PROSPERA, SEGURA I CATALANA»— y citaba a la cuenta del partido y a Orriols de Ripoll. En menos de veinticuatro horas, el texto había dejado de importar.
El fondo: Diada, lema de campaña y tres adjetivos en mayúsculas
El mensaje era, en esencia, propaganda de temporada: libertad, prosperidad, seguridad, una promesa de victoria pese a los abucheos y la coletilla de rigor sobre que nadie los va a detener. Nada nuevo bajo el sol del 11-S. La formación lleva tiempo construyendo su relato sobre esa tríada, y la Diada es el escaparate natural para repetirla con altavoz. El contenido político daba para discutir si el lema es un diagnóstico, un deseo o una forma de vender humo identitario. No se discutió.
Las respuestas: el cuerpo antes que el argumento
Prácticamente todas las réplicas giraron sobre la apariencia física de la firmante, con un registro sexual explícito que no aporta nada al análisis y que aquí no se reproduce. Los pocos mensajes con algo de contenido político también iban por otro lado: a unos les preocupaba en qué idioma habla, a otros de qué partido viene, y a un tercero si el físico daba para el chascarrillo. Es el patrón clásico. Cuando firma una mujer, la conversación se desplaza del «qué dice» al «cómo está».
No ayuda que el ecosistema premie el golpe fácil: un comentario soez rinde más que un párrafo sobre financiación autonómica, y eso vale igual para un mitin que para una red social. Hay quien sostiene que esto es ruido sin consecuencias, que nadie cambia su voto por un hilo de ocurrencias. En contra pesa un argumento incómodo: la política que se mide siempre por el cuerpo acaba teniendo menos mujeres dispuestas a exponerse.
Si nada cambia en cómo se modera esta conversación, lo previsible es que el próximo mensaje institucional de una portavoz acabe igual: el lema en el titular y el cuerpo en los comentarios. Apostar por lo contrario sería optimista. No hay muchos datos para serlo.