FNMT cancela pedidos de plata y tensa la paciencia inversora
Primero los compradores pagaron. Luego la FNMT, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, canceló los pedidos de plata por una supuesta orden del Banco de España. La historia real es más prosaica y preocupante para quien invierte en metales: gestión funcionarial, precios elevados y diseños que compiten con el museo de cera.
Cancelaciones que huelen a improvisación
A finales de enero de 2025, varios compradores recibieron correos anunciando la devolución del dinero de las monedas de plata que habían adquirido. La excusa: el Banco de España ordenó retirar de la venta online toda la plata. Pero el stock ya estaba vendido, la web seguía activa y los precios habían sido aceptados. La FNMT canceló incluso pedidos ya cobrados. No falta quien recuerde que, en el ámbito privado, eso suele acabar en juzgados. La falta de seriedad contrasta con cecas como la australiana, que sí saben gestionar una tienda online sin cortar el grifo después de cobrar.
Diseño: de la abuela del Ecce Homo a la queja recurrente
El segundo problema es estético. Las monedas modernas de la FNMT son, según la opinión generalizada, de las más feas del mercado. La serie de capitales de provincia intenta meter catedrales y estatuas en el mismo espacio, con resultados que recuerdan a un mal collage. El grabador Alfonso Morales defiende en entrevistas que son galardonadas internacionalmente, pero basta comparar con Francia, Austria o incluso Portugal (con diseños también discutibles) para ver la distancia. Las monedas de colección apenas tienen interés numismático: tiradas enormes, sobreprecio inicial y poca revalorización. Su valor real es el de la plata que contienen, casi como chatarra.
Precios que no cuadran con el mercado
Una moneda de plata de 27 gramos con ley 925 (24,975 g de plata pura) cuesta 72,60 euros IVA incluido. Al precio del kilo de plata (en aquel momento en torno a 2.906 euros), el contenido metálico sale a unos 72 euros. Pero el coste real del metal es inferior; el sobreprecio es enorme. Las monedas de 8 reales alcanzaron los 140 euros por apenas 27 gramos de plata 925, cuando un real de a ocho mexicano auténtico se consigue por menos. La FNMT ha subido precios de forma drástica: monedas que costaban 30 euros ahora se venden a 73, y la serie de 8 reales saltó de 60 a 140. La única coartada es subir el valor facial, que obliga a ingresar en el BCE, pero eso no justifica que el público pague un premium de 100% sobre el metal.
Curso legal pero no forzoso: un lío fiscal
Estas monedas son de curso legal, pero no de curso forzoso: nadie está obligado a aceptarlas como pago. La primera emisión sí era de curso forzoso, pero su uso fue anecdótico. Para el inversor, la pregunta clave es cómo declarar su venta. El valor facial no coincide con el precio de compra; si se venden al peso, Hacienda exigirá justificación. Algunos sostienen que el valor facial debería servir como precio de compra, pero la práctica fiscal tiende a mirar el precio efectivo pagado. No hay un criterio claro, lo que añade incertidumbre.
El fondo del asunto: una ceca que parece no querer clientes
La sensación recurrente es que la FNMT actúa con lógica funcionarial: precios altos, diseños cutres, cancelaciones arbitrarias y falta de profesionalidad. Otras cecas, como la Royal Australian Mint, han construido una base de clientes global con productos bien diseñados y precios competitivos. La FNMT, en cambio, parece empeñada en exprimir a su menguante audiencia de compradores nostálgicos o desinformados. El resultado es que, salvo algunos aciertos puntuales (como las series de aniversario de hace décadas), la mayoría de las emisiones recientes son una mala inversión. Los datos son tozudos: si se compra bullion de plata de otras cecas (sin premium) a 14 euros la onza en su día, la rentabilidad es muy superior.
La pregunta que queda abierta es si el Banco de España, como propietario y supervisor, forzará un cambio de rumbo o si la FNMT seguirá acuñando su propia reputación de manera implacable.