¿Qué casa puede comprar un presidente del Gobierno en España?
Con 89.303 euros brutos anuales en 2007, el sueldo del presidente del Gobierno se quedaba en unos 3.989 euros netos al mes en 14 pagas. Aplicando el límite hipotecario del 40% –lo máximo que concede la banca– la cuota mensual no podía superar los 1.595,60 euros. Sin ahorros previos, el presidente tipo no llegaba a una hipoteca superior a unos 200.000 euros a tipo fijo medio de la época. Con ese préstamo, y teniendo en cuenta los precios de entonces (un piso de 30 metros cuadrados en Madrid ya rondaba los 300.000 euros), la residencia posible era un zulo en la periferia o un piso pequeño en un barrio obrero.
La burbuja que no perdona ni al jefe del Ejecutivo
El ejercicio, que circuló como un meme en los albores de la crisis, demostraba lo desorbitado del mercado inmobiliario español. Incluso el cargo mejor pagado del país (con complementos extra no detallados) no alcanzaba para una vivienda digna en la capital sin recurrir a ingresos adicionales. Por aquel entonces el euríbor estaba en cotas ya elevadas y subiendo, lo que apretaba aún más la cuota. El resultado era demoledor: con el salario oficial, un presidente solo podía comprar un piso de 50-60 metros cuadrados en zonas de precio medio-bajo de Madrid, lejos del barrio de Salamanca o Chamberí.
La ironía del sistema: ingresos extra y viviendas múltiples
Claro que la realidad se alejaba del cálculo. Como señalaban entonces algunos análisis, los políticos suelen tener vías de ingresos complementarias: dietas, pluses, y sobre todo, la posibilidad de acceder a información privilegiada o a operaciones inmobiliarias opacas. Varios expresidentes acumularon propiedades por valor de millones, muy por encima de lo que su nómina oficial permitiría. La brecha entre el sueldo teórico y el patrimonio real de la clase política alimentaba el escepticismo popular.
Un clásico que envejece mal… o no
El hilo original, fechado en 2007, fue rescatado años después. Con el euríbor disparado y los precios aún altos, la situación no había mejorado para el presidente hipotético. De hecho, con tipos más altos, el resultado habría sido peor. La moraleja: si el que manda no puede comprarse un piso en condiciones con su salario, el problema no es de unos pocos mileuristas, sino del modelo de acceso a la vivienda en España. O, visto con ironía, menos mal que los presidentes no viven solo de su sueldo.
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