Smart TV con Android: la guerra del sistema operativo que decide tu compra
¿Merece la pena pagar más por una smart TV con Android o es mejor comprar un aparato barato y añadir un TV box? La pregunta que se hacen miles de compradores tiene una respuesta más matizada de lo que parece. Mientras Samsung empuja su sistema Tizen con publicidad integrada, Sony y Philips se mantienen fieles a Android, y los fabricantes chinos como TCL o Hisense copan la gama media con precios agresivos.
Tizen, el sistema que enfada a sus usuarios
Las quejas contra el sistema operativo de Samsung se repiten: publicidad en el menú de inicio, imposibilidad de apagar el televisor por completo (solo standby), un mando minimalista que obliga a hacer mil clics para cualquier cosa y un reproductor de vídeo que no acepta muchos formatos. A esto se suma el micrófono y el Bluetooth del mando, que despiertan suspicacias entre los más escépticos. La experiencia de usuario, en resumen, deja mucho que desear para un producto que no es barato.
Android como estándar de facto
La alternativa que gana adeptos es Android TV. Permite descargar miles de aplicaciones, instalar Kodi y personalizar la experiencia. Marcas como Sony y Philips lo integran en sus televisores, y los usuarios destacan la calidad de imagen de las gamas altas. Eso sí, hay quien recuerda que Android funciona mientras Google quiera, y que un TV box barato puede ser la solución cuando el sistema se quede obsoleto.
La alternativa del TV box: 30 euros que lo cambian todo
Una corriente de opinión defiende comprar una televisión «pelada» y añadir un TV box por poco más de 30 euros. La ventaja: no está capado en cuanto a aplicaciones, instalas y desinstalas lo que quieras, y el Kodi de un TV box es mucho más potente que el de Android integrado. Además, permite emular juegos hasta de PlayStation 1. La contrapartida: otro aparato más en el salón y un mando adicional.
Calidad de imagen vs precio: la otra batalla
No todo es software. La calidad de imagen sigue siendo el factor decisivo para muchos. Una Sony de gama alta con Android ofrece una imagen increíble, pero cuesta. Un TCL QLED de 55 pulgadas por 400 euros puede ser suficiente para el uso medio, aunque los puristas aseguran que los negros no son negros. La relación calidad-precio de las marcas chinas está comiendo terreno a las coreanas, que derivan la fabricación de paneles a terceros.
Al final, la decisión no es solo de sistema operativo: es de cuánto estás dispuesto a pagar por una imagen que no te decepcione y un software que no te tome por tonto. Y si la tele se convierte en un monitor conectado a un PC, quizá la pregunta era otra.