Melquisedec: el enigma bíblico que nadie logra descifrar
¿Pre-Jesús, hijo de Noé o un dios de carne y hueso? La figura de Melquisedec es uno de esos agujeros negros teológicos que, cuanto más se escarba, más preguntas abre. En YouTube proliferan los vídeos, en internet nadie se pone de acuerdo, y lo único en lo que coinciden es en su importancia. Pero lo que algunos análisis ocultan es que las fuentes originales —desde el Génesis hasta la Cábala— lo describen como algo muy distinto a lo que la Iglesia institucional ha contado.
La versión canónica lo presenta como «sacerdote del Altísimo» que bendijo a Abraham en Salem. Sin embargo, una corriente más heterodoxa sostiene que este rey-sacerdote fue el verdadero maestro de Abraham, el primero en predicar el pan y el vino en lugar de sacrificios rituales, y que su figura fue deliberadamente borrada o deformada durante el exilio babilónico. En la tradición cabalística, el Zohar lo identifica con Sem, el hijo de Noé, y lo convierte en custodio de la sabiduría divina anterior a Israel.
Pero la teoría que más revuelve el avispero viene de la mano de Mauro Biglino y los «biglinistas»: Melquisedec no sería un símbolo, sino un ser de carne y hueso, un «dios» entendido como persona real que convivió con los hombres. Según esta lectura, los relatos bíblicos originales hablaban de él como un amigo visible de Abraham, y solo después los escribas lo sustituyeron por la figura abstracta de «Dios». Quienes defienden esta hipótesis señalan que el mismo Antiguo Testamento fue alterado por intereses egocéntricos de los sacerdotes judíos.
Lo cierto es que, entre el Melquisedec preexistente a Cristo que defienden algunos cristianos, el hijo de Noé de la Cábala y el extraterrestre de Biglino, el personaje se ha convertido en un comodín para todo tipo de conspiraciones. Sea cual sea la verdad, algo queda claro: su misterio no se resolverá mirando al cielo, sino leyendo con ojos críticos lo que la historia oficial quiso enterrar.
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