Por qué el cerco mediático a Sánchez cambió de golpe
Una escena de sala de espera resume el giro, según el relato de un participante. Pensionistas que votan PP o PSOE, gente que se pasa la vida delante del televisor, habrían convertido en monotema lo sinvergüenza y miserable que sería el presidente y su entorno. No serían ultras de manual, sino el público objetivo de los medios que hasta hace nada le sostenían, según esa misma versión, con mentiras grotescas y excusas. Y de pronto, esos mismos medios han cambiado el discurso. La comisaria política Pepa Bueno se va a la calle. El cerco ya no vendría solo de la derecha: vendría de casa.
La pregunta que plantea el hilo no es si Sánchez es un lastre. Eso, según un participante, se sabía desde el minuto uno, cuando pactó con Podemos después de decir que no lo haría. La pregunta es por qué ahora, por qué todos a la vez, y por qué los que llevaban años tapando casos como el Ere, el 11M, el caso Puyol o la riada de Valencia habrían decidido soltar lastre precisamente en este momento.
Un cortafuegos antes de que detone el escándalo
La hipótesis que más se repite en el hilo es la del cortafuegos. Si algo muy gordo está a punto de salir, convendría que el escándalo pille a Sánchez ya fuera del poder, con otro al frente del partido capaz de desmarcarse sin arrastrar a toda la estructura. La táctica sería dosificar la información poco a poco, a ver si el interesado se da por aludido y dimite. El problema, según esa versión, es que a este le daría igual el dinero: solo querría figurar y mandar. Se le describe como un narcisista patológico que no se iría ni con agua hirviendo.
Hay quien sostiene que la operación viene de muy arriba y responde a un cálculo geopolítico. Un presidente que tontea con China, que se declara propalestino y que llama genocidas a los israelíes en su propia casa puede resultar incómodo para según qué intereses. La OTAN ha sido mencionada. También Bruselas. Y los países frugales, que estarían hasta la coronilla del cachondeo español a su costa y acabarán imponiendo ajustes. Para ese trago no convendría tener al frente a un zombi político que arrastra causas judiciales: mejor alguien más sumiso y dispuesto a tragar.
El PP como cabeza de turco del ajuste que viene
La tesis económica tiene su propia lógica, según algunos mensajes. España emite deuda a un ritmo que dificultará pagar nóminas y pensiones, y la prensa no diría nada porque gobierna quien le paga. Cuando llegue el momento de recortar, convendría que el PP esté en la Moncloa para comerse el marrón. El cálculo sería dejar que Sánchez aguante uno o dos años más, hasta que la gente olvide la basura acumulada, y entonces forzar una moción de censura por dignidad democrática. La subida de pensiones con el IPC más dos puntos y efectos retroactivos haría el resto: el pensionista medio votaría otra vez al PSOE aunque le importe más el sobre que la corrupción.
No todos compran el relato del castigo. Una parte del análisis sostiene que el enfrentamiento entre Sánchez y el grupo Prisa es una guerra interna de medio año, y que lo que se está negociando es la supervivencia del propio partido. Otra corriente apunta a una fórmula de gran coalición encubierta, con el PP apoyando gobiernos centristas del PSOE y viceversa, de forma casi permanente. El mal menor sería un Sánchez que no puede legislar, es decir, que no puede subir impuestos. Veinte años así, ironizan, no estarían mal.
El ejército, Marruecos y los marcianos
En el extremo del espectro aparecen las teorías que mezclan servicios de inteligencia, monarquías y golpes de estado. Se ha hablado de generales alerta, de un supuesto ultimátum para detener al presidente por alta traición, de un Gladio marroquí y de una operación del Mossad con la Internacional Socialista. Son especulaciones sin prueba alguna, del mismo tipo que las que atribuyen al 23F o al 11M conexiones exteriores. Su valor informativo es nulo, pero explican el clima: cuando el relato oficial se agrieta, el vacío lo ocupan las conspiraciones.
Lo verificable es más prosaico. Los bombarderos estadounidenses ya están en Torrejón y, según un participante, el presidente no ha dicho ni mu. La intensidad de las portadas contra él probablemente baje en las próximas semanas, según ese mismo mensaje. Y quedarían cosas por salir. Ese es el punto exacto donde el análisis se atasca: nadie sabe quién dio la orden, pero todos coinciden en que alguien la dio.
Datos sueltos que no cuadran
- La comisaria política Pepa Bueno sale a la calle.
- La UCO lleva haciendo seguimiento al entorno desde 2020.
- Los bombarderos estadounidenses ya están en Torrejón.
- Subida de pensiones prevista: IPC más dos puntos con efectos retroactivos.