Adiós al euro: la corriente que aconseja vender ya
En agosto de 2026, con el euro cotizando cerca de 1,18 dólares, un aviso recorrió las mesas de análisis financiero: quien tenga euros, que los venda antes de que sea tarde. No era un lamento minoritario. Detrás había un hecho concreto: la intervención coordinada de Japón y Estados Unidos para frenar la caída del yen, algo que no ocurría en casi 30 años. Para los escépticos de la moneda única, la operación fue la prueba de que el sistema de divisas fiduciarias está haciendo aguas.
Aun así, los números no son unánimes. El euro es la moneda de 500 millones de personas y la UE se presenta como el primer mercado del planeta, con un comercio exterior que lo convierte en pieza central del intercambio mundial. Quienes defienden la moneda recuerdan que sigue siendo el medio de pago que aceptan las tiendas de medio mundo. Los que piden huir no discuten eso: discuten el futuro. Cuando el andamiaje institucional europeo se resquebraje, dicen, el euro quedará como souvenir para turistas y los billetes apenas servirán para limpiarse.
Entre los pragmáticos, la receta recuerda a un manual de supervivencia financiera. No se trata de gastar el dinero, sino de sacarlo del circuito fiduciario. El oro, la plata, los inmuebles y el franco suizo son los destinos favoritos. Hay quien mueve hasta 1.000 euros al mes a francos suizos sin comisión, a través de plataformas como Revolut, con la idea de acabar comprando tierra, armas o “algo que sirva para almacenar valor”. No falta quien ironiza vendiendo euros a 90 céntimos o a 1,10, según el humor del día.
El argumento que sostiene al euro
Frente a la corriente apocalíptica, hay números que frenan el pánico. La UE es el principal importador mundial, especialmente de China, y un exportador de primer orden hacia Estados Unidos. Si el euro no valiera nada, no sustentaría ese volumen de bienes y servicios. Por eso hay quien sostiene que el cruce en 1,18 dólares ya descuenta buena parte del pesimismo, y que quien vende ahora está pagando por un miedo que quizá nunca llegue. El dólar, además, no está exactamente en su mejor momento.
La señal que llegó desde Japón
El detonante de la desconfianza no fue europeo, sino japonés. El Financial Times publicó que Christine Lagarde, presidenta del BCE, y Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., conversaron sobre la intervención de Japón y Estados Unidos para sostener el yen, la primera operación conjunta de este tipo en casi tres décadas. Lo llamativo: Washington no utilizó dólares en la maniobra, un detalle que los altos funcionarios del BCE consideraron inusual. Para los que ya veían al euro al borde del precipicio, la noticia fue un bálsamo: si la primera economía mundial tiene que remar a favor de su moneda, ninguna divisa fiduciaria está a salvo. Para los más templados, solo es un ajuste técnico del mercado de cambios.
El pulso queda ahí. Mientras unos describen el euro como billetes sin valor y otros lo ven como el soporte de medio continente, el tipo de cambio sigue clavado en 1,18. Quien tenga euros tiene dos opciones: venderlos ya o esperar a ver quién lleva razón. El tiempo es el único juez que no se deja sobornar.