Monopatín a los 50: cómo empezar en Valencia sin acabar en urgencias
Aprender a montar en monopatín después de los 50 parece una locura, pero en ciudades planas como Valencia puede ser una opción real de movilidad. La clave está en elegir el material adecuado y asumir que te vas a caer. Un veterano patinador lo resume: «Lo primero que uno debe aprender es a caer, porque algo es seguro: te vas a caer». Y es que la estabilidad lo es todo. Para desplazarse por carril bici, los longboards son la opción más recomendable: más estables, rápidos y cómodos que una tabla clásica de ruedas pequeñas, que «en seguida se van de varas». Además, el equipamiento es innegociable: casco y protectores en las muñecas, sobre todo al principio.
Longboard: la opción más estable
Si lo que buscas es un medio de transporte, el longboard gana por goleada. Su mayor longitud y ruedas anchas proporcionan una estabilidad que una tabla corriente no puede ofrecer. Pero no te engañes: aunque el longboard sea más seguro, la caída es inevitable. Por eso, dominar la técnica de caer correctamente es el primer paso. Muchos vídeos y la observación de otros patinadores ayudan a interiorizarla.
Dónde practicar en Valencia
Valencia es un terreno de juego ideal: completamente llana y llena de carriles bici. Para aprender, la zona de los tinglados se ha convertido en un punto de encuentro de la comunidad del skate, donde se imparten clases y se puede ver a los más experimentados. La interacción con otros patinadores, aunque a veces parezcan «autistas», suele ser enriquecedora.
Eso sí, no todo son ventajas: hay quien sostiene que el monopatín como medio de transporte exige un gasto de energía exagerado para no avanzar nada. Puede que para distancias cortas compense, pero para trayectos largos quizá no sea la opción más eficiente. La decisión final queda en manos de cada uno, con la seguridad siempre por delante.