De la ‘acogida’ al ‘mano dura’: el giro migratorio que descoloca a todos
El Gobierno ha pasado de presumir de política de acogida a prometer mano dura en el flanco migratorio europeo. El cambio de discurso, confirmado por filtraciones que citan fuentes gubernamentales, ha pillado a media izquierda con el pie cambiado y ha reabierto la guerra de interpretaciones: ¿giro real o simple ajuste de relato para contentar a Bruselas?
Quienes dan crédito al viraje hablan de un intento de cortar el grifo a las mafias que trafican con personas y de ganar músculo negociador ante los socios comunitarios. Los escépticos responden que no hay decisión que valga si no va acompañada de presupuesto: el entramado de atención al migrante mueve miles de millones de euros al año en contratos públicos, subvenciones y redes asistenciales, y desmontarlo supondría una herida profunda en el propio aparato del Estado.
El debate se enreda aún más con los menores extranjeros no acompañados. Una de las tesis que circula es que la desaparición de los MENAS como categoría dejaría en números rojos a buena parte de la industria social creada en torno a ellos. Suena conspiranoico, pero tiene un fundamento económico: el dinero público que ha engordado el sector no se evapora por un cambio de tono.
Hay quien recuerda que el mismo partido gobernante ya ha demostrado una elasticidad narrativa pasmosa en otros asuntos. Si la mano dura es de verdad, el sector del acogimiento debería estar temblando. Si es postureo, lo que veremos será el mismo teatro de siempre: titulares duros, presupuestos intactos y el migrante convertido en mercancía electoral.