La radioafición: qué queda y por dónde empezar
Un forero cuenta que compró un receptor SDR con sintonizador Elonics 4000 por
siete euros en eBay; otro recomienda el modelo RTL2832U+R820T2, que cubre de
100 kHz a 1,7 GHz. El desembolso es irrisorio y es la puerta de entrada más barata a la radioafición, ese pasatiempo que muchos dan por enterrado y que quienes siguen dentro describen más bien como arrinconado. La duda que abre la conversación es la de siempre: ¿de verdad queda algo de aquello de los walkies? Queda. Otra cosa es que se parezca a lo que uno recuerda.
¿Necesito licencia para escuchar radioafición?
La respuesta corta es no.
La licencia solo hace falta para transmitir, no para sintonizar, y el trámite del examen y su tasa correspondiente van ligados al permiso de emisión. Quien solo quiera curiosear por las bandas no necesita papeleo:
la escucha está libre de impuestos pero no de normas, matizan desde dentro.
Aún así, hay rincones legales donde se puede hablar sin licencia. Los
walkies PMR de muy corto alcance y las emisoras de
CB, las típicas de camionero, se usan sin permiso, y en determinadas condiciones de propagación la CB alcanza distancias que sorprenden a quien la asociaba a un juguete. Ese fue el terreno de juego de toda una generación que, de cría, escuchaba a los camioneros del canal 19 marcar ruta por la radio, cuando no había GPS ni móviles.
El problema del aficionado que vive en un piso
Aquí empieza la letra pequeña que rara vez sale en los manuales. Un receptor modesto no rinde sin una antena decente, y la antena es justo lo que un piso de comunidad no admite. Colgar algo del tejado o del balcón está fuera del alcance de quien no tiene azotea propia. La alternativa que se maneja es una
antena de cristal con ventosa pegada al cristal más despejado de la casa, con la advertencia clara de que el rendimiento será flojo y, aun así, suficiente para decidir si la afición engancha o se aparca. Mejor orientación al exterior, mejor altura y menos obstáculos cerca; si el piso está bajo y rodeado de edificios, la señal llega con cuentagotas.
Una advertencia de un veterano del hilo: conectar el receptor a la
toma de antena de televisión amplificada no parece buena idea.
¿Está muerta la radioafición? El diagnóstico incómodo
Aquí el consenso no existe. Hay quien sostiene que el mundillo está
prácticamente muerto, y un veterano del hilo replica que no es para tanto: minoritario, sí, porque las necesidades de comunicación entre personas ya están resueltas por otras tecnologías de forma eficiente y barata, pero no muerto. Ese mismo veterano añade que buena parte de la culpa de que sea tan minoritario la tuvo quien pudo enseñarla y prefirió coleccionar tarjetas de contacto contando los países que le faltaban. El diagnóstico más duro, de otro veterano, apunta a lo que se escucha en los
40 metros nacionales, que describe en términos muy duros, frente a los concursos de telegrafía o el diseño de radios diminutas que dan la vuelta al mundo colgadas de un globo sonda y transmiten su posición.
La realidad práctica es más sencilla de comprobar que de discutir. Un receptor de
HF (0-30 MHz) con banda lateral permite oír aficionados de medio planeta, además de estaciones de fax que emiten mapas meteorológicos para navegación. En
VHF la actividad es más escasa, pero cuando hay propagación esporádica llegan comunicados a bastante distancia. Y de 118 a 136 MHz está la
banda aérea en AM, con canalización de 8,33 MHz, donde se escucha la torre y las aeronaves acercándose a pista.
De los walkies de los 80 a la red de emergencia
El recorrido del pasatiempo cuenta también su pasado y su otra cara. Los walkies de juguete de los ochenta tenían alcance ridículo y, de propina, dejaban oír a la Guardia Civil, según recuerdan varios foreros; uno de ellos cree que hoy eso es impensable, porque la escucha de comunicaciones policiales está cerrada y hacerlo sería delito. Tiempo después llegó la parte seria de la afición, la vinculada a la protección civil. Al obtener la licencia, el aficionado asume un compromiso con el Estado de estar disponible si hiciera falta, y la red
REMER es la estructura de emergencia en la que se encuadran. En muchas provincias su equipamiento es nulo y cada miembro pone los aparatos de su casa; si se activara un despliegue, hasta la Guardia Civil iría a recogerlos.
La vertiente preparacionista tiene su propia lógica. No hace falta que caiga internet ni la telefonía fija: basta con que ambas se colapsen por exceso de tráfico para quedarse sin poder contactar con nadie de la familia. La radio, entonces, vuelve a ser la vía.
Lo que hay que comprar antes de ilusionarse
El equipo mínimo que se recomienda consta de tres piezas: el receptor SDR, un
filtro notch de 88 a 108 MHz para atenuar las emisoras de FM comerciales que saturarían el pequeño aparato, y un programa de software para el ordenador. Hay que elegir entre usarlo como televisión o como receptor de radio, porque al principio las configuraciones de drivers se estorbaban entre sí. El desembolso total sigue siendo irrisorio, y ahí está el gancho: por menos de lo que cuesta una cena se puede decidir si esto merece la pena.
Con estos mimbres, la pregunta ya no es si la radioafición existe. Es por qué, teniendo el acceso tan barato y la barrera legal tan baja, sigue siendo un círculo tan pequeño.