Rafa Nadal y el exilio dominicano: el pacto que no se menciona
La noticia ha corrido como la pólvora en círculos escépticos: Rafa Nadal se ha instalado en República Dominicana. Y no solo eso: existiría un pacto de no agresión con el Gobierno español para que no le ocupen la casa ni le exijan explicaciones sobre su apresurada salida. El silencio del tenista, dicen, es la prueba del acuerdo. Pero los detalles son tan borrosos que más parecen sacados de una novela de John le Carré que de la realidad.
El paraíso fiscal de los poderosos
Lo que sí es verificable es la atracción que la isla caribeña ejerce sobre la élite española. El expresidente Felipe González y el exministro José Bono obtuvieron la nacionalidad dominicana por naturalización privilegiada, concedida por el presidente Luis Abinader. Ambos sin aspavientos, sin portadas. Mientras, Nadal —figura global— se va sin que su agencia de comunicación confirme o desmienta. Tabla rasa.
Los debates en foros apuntan a que la operación no es solo fiscal. Se habla de refugio político, de preparación del terreno para una eventual huida si la situación en España se tuerce. Algo así como lo que hicieron los exiliados de la Guerra Civil, pero con mejor clima y menos burocracia.
El silencio como estrategia
El dato que nadie encaja del todo: ni una palabra de Nadal desde que se supo su mudanza. Ni un tuit, ni una declaración. En el mundillo periodístico se interpreta como que el pacto incluye cláusula de confidencialidad. O quizás, simplemente, no tiene nada que decir: se ha ido a vivir donde le sale más a cuenta.
Pero la sombra del narcotráfico y la santería que algunos asocian a la oligarquía local —como se ha escrito— no debería mezclarse con la decisión de un deportista. Cada cual sabe por qué elige un destino. El problema es que cuando el silencio es tan absoluto, las teorías proliferan.
Si el modelo de exilio selectivo cuaja, veremos a más figuras públicas hacer las maletas. Mientras tanto, el relato oficial calla. Que cada uno saque sus conclusiones, pero con los datos sobre la mesa aún queda mucho por aclarar.