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Una recopilación de pasajes del Nuevo Testamento permite reunir más de setenta conductas consideradas pecado, muchas de ellas cotidianas y no solo delitos graves. El catálogo incluye desde la inmoralidad sexual o el asesinato hasta el chisme, la pereza o entrometerse en asuntos ajenos.
Una recopilación de pasajes del Nuevo Testamento permite reunir más de setenta conductas consideradas pecado, muchas de ellas cotidianas y no solo delitos graves. El catálogo incluye desde la inmoralidad sexual o el asesinato hasta el chisme, la pereza o entrometerse en asuntos ajenos.
El Nuevo Testamento no trae un listado único y cerrado de pecados. Lo que sí ofrece son enumeraciones dispersas, sobre todo en las cartas de Pablo, que sumadas dan un catálogo amplio. De ahí sale una cuenta que supera las setenta entradas y que mezcla faltas graves con hábitos de trato diario.
Las cartas a los Gálatas y a los Romanos contienen las enumeraciones más conocidas. En Gálatas 5 se citan obras de la carne como la inmoralidad sexual, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la hechicería, las enemistades, las riñas, los celos, la ira, las divisiones y la envidia. Romanos 1 añade actos homosexuales, murmullos y desobediencia a los padres.
A esas listas se suman pasajes sueltos del evangelio de Mateo, que condena la ira, la calumnia y la jactancia, y de las cartas pastorales, donde aparecen el amor al dinero, la vanidad y la hipocresía. El resultado no es un código penal, sino un retrato de conductas que la tradición cristiana ha ido agrupando.
Buena parte de las entradas tienen que ver con el dinero. La codicia, el robo, la estafa, el fraude, el soborno, la avaricia, retener el salario y mentir sobre el dinero aparecen en distintos libros. La primera carta a Timoteo resume el problema en una frase célebre: el amor al dinero es raíz de todos los males.
El otro bloque es el de la palabra. La mentira, la calumnia, el chisme, la blasfemia, el falso testimonio, las palabras soeces y las bromas inapropiadas se repiten en los textos. La carta de Santiago llega a comparar la lengua con un fuego pequeño que prende un bosque entero.
Hay entradas que no encajan en ninguna de esas dos categorías. La amargura, la falta de misericordia, el favoritismo, la ingratitud y la dureza de corazón describen modos de relacionarse. Otras son omisiones: descuidar a los pobres o no proveer para las necesidades de la propia familia.
La lista incluye también la pereza, la cobardía, abandonar la fe y entrometerse en los asuntos ajenos. Esa amplitud explica por qué el catálogo crece tanto: no distingue entre delito y defecto de carácter. Cualquier lector que busque una frontera clara entre lo grave y lo leve no la va a encontrar aquí.
La tradición posterior, con la doctrina de los siete pecados capitales, ordenó ese material de otra manera. Pero la suma de pasajes neotestamentarios sigue siendo la referencia para quien quiera ver el mapa completo.
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