Los curas que hicieron la independencia y el 280.000 sin confirmar
Cada 15 de septiembre México conmemora el Grito de Dolores —aunque el grito, en rigor, se dio de madrugada, ya entrado el 16— y cada año la efeméride reabre la misma pelea de fondo: qué papel jugó la Iglesia católica en la independencia y cuántos españoles murieron en el proceso. Una cifra circula con insistencia, atribuida a la propia UNAM: más de 280.000. Nadie la desglosa; se repite como titular y se discute como si fuera un hecho probado. El resto del relato, sin embargo, aguanta bastante peor el escrutinio de lo que sus defensores creen.
Hidalgo, Morelos y el mito de la conspiración masónica
El primer dato que descoloca es la nómina de cabecillas. Miguel Hidalgo era cura. José María Morelos, también. De los llamados cuatro padres fundadores, la mitad llevaban sotana, y buena parte del resto respondía a un perfil devoto más que a logias secretas. La imagen de una independencia gestada por masones contra la fe católica —uno de los relatos más repetidos— no cuadra con la biografía de quienes encendieron la mecha, ni con las consignas que lanzaron aquella madrugada.
«Éramos el mismo país, con las mismas leyes»: la mitad que no encaja
Hay una tesis recurrente: hace dos siglos ambos territorios formaban una misma nación bajo un mismo ordenamiento. La letra pequeña la matiza. En la península convivían fueros y leyes propias de cada reino —Castilla, Aragón, Navarra—, mientras que América se regía por un cuerpo normativo específico, las Leyes de Indias, con la legislación castellana como derecho subsidiario y ordenanzas locales adaptadas a cada virreinato. La unidad política existía. La uniformidad legal, bastante menos.
La visita que se recortó y el ruido diplomático
El asunto dejó de ser arqueología cuando una dirigente política española aterrizó en México y su gira acabó recortándose once días antes de lo previsto, entre acusaciones cruzadas de instrumentalizar la historia. La pelea por el relato —quién colonizó a quién, cuántos murieron, qué debe España hoy— tiene hoy más recorrido en la esfera pública que en los archivos.
El problema, y aquí el análisis se atasca, es la cifra. El 280.000 se cita como dato duro sin que nadie haya mostrado el desglose: ni el periodo exacto, ni la fuente primaria, ni el método. Sin ese respaldo, la conmemoración vuelve cada año al mismo punto: mucha trinchera y ningún número que resista una auditoría.