Ceuta y Melilla: la frontera que despierta al conde don Julián
¿Cedemos Ceuta y Melilla a Jovenlandia? La cuestión lleva décadas flotando en la conversación pública, y esta vez ha reaparecido con una comparación histórica: la del conde don Julián, el gobernante al que la leyenda atribuye haber facilitado el paso a las fuerzas que cruzaron el Estrecho. La acusación de traición se cierne sobre cualquiera que sugiera movimientos en el mapa.
El valor económico de dos ciudades difíciles de costear
No hacen falta grandes cifras para notar el valor geoestratégico de Ceuta y Melilla. Son la única frontera terrestre de la Unión Europea en África, con una economía marcada por el comercio, el contrabando a pequeña escala y una presión migratoria constante. Quien sostiene que conviene mantener el statu quo apunta al coste de cambiar de manos; quien defiende la cesión invoca el ahorro en defensa y administración. Entre medias, el argumento identitario: lo que se cede no es un terreno, es un símbolo.
Cuando el ruido sustituye a los datos
El episodio del conde don Julián se repite como advertencia, pero el análisis económico serio brilla por su ausencia. En lugar de cifras sobre población, presupuesto o flujos comerciales, aparecen generalizaciones sobre colectivos enteros y descalificaciones personales. Ese registro, además de empobrecer la discusión, invita a cerrarla a gritos. La cuestión de fondo, qué frontera y qué política migratoria quiere España, sigue abierta y sin cifras que la iluminen.
Al final, la Historia no reparte veredictos. Solo presta espadas para los que prefieren blandirlas antes que hablar de presupuestos.