Reverte deja la columna semanal: 33 años de oficio y polémica
Arturo Pérez-Reverte ha anunciado que abandona su cita semanal con los lectores de prensa. El escritor cierra así una etapa de 33 años en los suplementos dominicales, un periodo que él mismo ha querido subrayar en una despedida repetida hasta la saciedad: «33 años». La noticia, que ha circulado como rumor antes de confirmarse, llega con el autor reconociendo que ya está «muy mayor» para mantener la disciplina de la columna.
La reacción en el entorno de sus lectores habituales dista de ser unánime. Hay quien lamenta la pérdida de una de las últimas voces con vocabulario propio y cierto poso de oficio en el columnismo español. No falta quien señala que el adiós llega tarde: la columna llevaba tiempo mostrando síntomas de agotamiento. El esquema se había vuelto previsible: cada dos semanas, un tema de historia de España que terminaba convertido en libro, luego un giro hacia la historia de Europa, y apenas un par de artículos libres al mes. En los últimos tiempos, mucho de lo que firmaba tenía un punto autobiográfico, más un repaso de hazañas propias que un análisis de la actualidad.
Lo que no parece tener relevo claro es ese hueco. La pregunta no es solo quién ocupará la página dominical, sino quién puede sostener una columna durante tres décadas sin perder la chispa. La historia de Reverte es también la de un modelo de columnismo que se está extinguiendo: el escritor que baja a la arena cada semana, con sus fobias y sus fijaciones, y que aun así se hace leer. Que unos lo celebraran como un alivio y otros como una pérdida es el mejor resumen de una carrera que nunca dejó indiferente a nadie.