El flamenco en el Madring reabre la pelea por la imagen de España
Minutos antes de que se apagase el semáforo del Gran Premio de España, una orquesta y un cuerpo de bailaores de flamenco se plantaron en la pista del nuevo circuito de Madring. La Fórmula 1 volvía a Madrid 45 años después, con un trazado técnico —curva peraltada incluida— que ha sorprendido para bien a los pilotos y un aforo que se ha cifrado en 350.000 personas. La ceremonia quería ser la postal de España para el mundo. Para buena parte del público fue otra cosa: la enésima pelea sobre qué imagen exporta el país.
Qué se vio en el Madring antes de la carrera
Para varios participantes, el evento era un escaparate de la ciudad y, por extensión, del país. Todas las entradas se agotaron y el debate sobre su legado económico se solapa ya con el político. El detalle que más comentarios generó no fue el trazado ni los tiempos por vuelta, sino el espectáculo previo: flamenco en directo sobre el asfalto. Fuera del circuito, algunos mensajes difundidos en el foro cargaban contra el nuevo trazado por aburrido.
El flamenco, la jota y la pelea por lo que representa a España
Aquí está el núcleo. Una corriente sostiene que el flamenco es la seña más reconocible del país en el exterior y que renunciar a él por pudor es un error de cálculo. Otra responde que Madrid se ha apropiado de una cultura andaluza que no le pertenece, y que si el objetivo era representar a España entera habría que haber mezclado jotas, fandangos y bailes de otras regiones.
La discusión deriva rápido hacia el detalle erudito: teorías sobre el origen del fandango, que algunos participantes sitúan en el siglo XVII —incluso en una ópera de Mozart— y el peso de las escuelas gaditanas. Los nombres que se citan como cumbre del género, Camarón de la Isla (San Fernando) y Paco de Lucía (Algeciras), apuntan casi siempre al sur. La lista completa de referentes y sus escuelas, que circula desglosada, da para un tratado aparte.
Cánticos, pancartas y una petición a la FIA
El fin de semana dejó otro frente. Según mensajes difundidos durante la cita, hubo cánticos contra el presidente del Gobierno por parte del público y una pancarta preparada para colarse en el plano de las cámaras. En esos mismos mensajes se atribuía al PSOE una petición a la Federación Internacional del Automóvil (FIA) para que investigara lo ocurrido. El episodio traslada el conflicto cultural al terreno político y añade un problema de control de imagen a un evento que aspiraba a proyectar normalidad.
Y queda el dato que un participante subraya. La pieza de flamenco que se reivindica como pura y española —las jácaras, con 400 años a la espalda, tocadas por músicos europeos y con un guitarrista fallecido hace poco como invitado— cierra el hilo. Que eso moleste no es un problema del Madring. Es un problema de quién decide qué es España.