Óscar Puente sentencia que el GP de España fue «un auténtico truño»
Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, calificó el Gran Premio de España de «un auténtico truño». Lo escribió en X, sin avisar y sin matices, y cargó contra el trazado: «Hace imposible adelantar. Es un Mónaco 2 pero más rápido. Trenecito de coches de principio a fin». En boca del responsable de las infraestructuras del país, la salida de tono dejó de ser una opinión de grada en el mismo momento en que se publicó. Dos días después, la discusión sigue donde empezó: sin una cifra verificable de adelantamientos sobre la mesa.
Qué dijo exactamente Puente sobre el Gran Premio de España
El mensaje contiene tres afirmaciones y ninguna cortesía. Primera: el diseño del circuito hace imposible el adelantamiento. Segunda: es «un Mónaco 2 pero más rápido», es decir, el mismo problema del Principado con más velocidad punta. Tercera: hubo «trenecito de coches de principio a fin», con los movimientos en pista limitados por la estrategia. El texto iba acompañado de un enlace de vídeo.
La elección del término dio material aparte. La definición académica de «truño» —grosero, tosco, sin pulimento— describe mejor el objeto señalado que al firmante. A la vez, varios reproches apuntaron a la ironía involuntaria: un ministro de Transportes hablando de «trenecitos» después de un siniestro ferroviario con más de cuarenta fallecidos.
¿Es verdad que el circuito de Madrid no permite adelantar?
Aquí se rompe el consenso. Hay quien sostiene que el diagnóstico es acertado aunque lo firme quien lo firma, y respalda la tesis con las críticas de pilotos que describieron la carrera como un tostón. La más repetida venía con titular: «Casi me quedé dormido».
Enfrente, el contraataque técnico. La queja del piloto más citado procedía de alguien que terminó a más de veinte segundos de su compañero de equipo, lo que debilita su autoridad para juzgar el espectáculo. Se añade otro argumento: en la mayoría de los circuitos actuales los adelantamientos se producen por degradación de neumáticos —compuestos que se destruyen en cinco vueltas y generan doscientos adelantamientos en cualquier trazado—, no por bondad del diseño. Y el recordatorio incómodo: Montmeló lleva años ofreciendo procesiones parecidas sin que nadie pidiera explicaciones a un ministro.
El reproche político: marca España y el color del ayuntamiento
Sobre el fondo deportivo se superpone la pelea territorial. Una parte de las reacciones reprocha que un miembro del Gobierno desprecie públicamente un evento celebrado en su propio país y celebre, de paso, la «marca España». En esa línea circuló la frase del inversor Varsavsky, para quien es «de imbéciles boicotear algo que es muy bueno para España»; la respuesta inmediata fue preguntar por qué el sacrificio lo asumen los vecinos del trazado y no quienes lo defienden. Otra corriente lee el asunto al revés: si en Madrid gobernase el PSOE, el ministro no habría llamado truño a nada.
Madrid repite y Mónaco añade un sprint
El calendario no da tregua. Madrid repite el año que viene, y Mónaco —el circuito al que se comparó el madrileño— sumará además una carrera al sprint. La paradoja es redonda: el trazado tomado como ejemplo negativo amplía su presencia en el calendario mientras el nuevo consolida el suyo.
Con estos mimbres, la discusión se queda atascada en el mismo sitio. Nadie ha puesto sobre la mesa el recuento de adelantamientos que cerraría el asunto, y el ministro tampoco ha aclarado si su crítica es deportiva o territorial. El término «trenecito» seguirá circulando. Y el debate, igual de parado que la carrera que describe.