Un partido que se define como obrero y comunista no debería abrazar al empresario de los desalojos. El Frente Obrero acaba de romper ese axioma con una imagen que circula en redes: su líder, Roberto Vaquero, en actitud de camaradería con Dani Desokupa, fundador de la empresa de desalojos vinculada a gigantes financieros como TecnoCasa y BlackRock. La foto ha encendido todas las alarmas en una formación que presume de coherencia ideológica.
El episodio ha provocado críticas en las bases, que ven una contradicción insalvable entre el discurso anti-especulación y una alianza con un personaje al que consideran el rostro del especulador inmobiliario. Hay quien evoca el histórico viaje de Canossa, cuando el emperador Enrique IV se humilló ante el Papa para salvar el trono: cuando el discurso no da de comer, se hace el viaje de Canossa. La metáfora es afilada: la política de alianzas del Frente Obrero empieza a pesar más que su ideario.
Las críticas se concentran en tres frentes:
- La colaboración con empresas vinculadas a BlackRock contradice el discurso anti-especulación.
- La presencia de Desokupa en barrios obreros como Carabanchel choca con el perfil del partido.
- La división interna en facciones que compiten por la pureza ideológica debilita cualquier estrategia.
La foto no ha hecho más que agravar la fragmentación interna. El Frente Obrero se reparte en varias facciones que se vigilan con desconfianza mutua, y este acercamiento a Desokupa da munición a los que dudan de la dirección de Vaquero. La pregunta que recorre sus filas es si el partido sigue siendo un proyecto colectivo o un vehículo para intereses personales.
La historia no dice si el abrazo fue un gesto aislado o el inicio de una nueva etapa. Lo que queda claro es que el Frente Obrero ya no puede vender la misma pureza revolucionaria que predicaba antes de la foto. Y la duda que se extiende entre sus bases es simple: ¿hacia dónde va un partido que confunde al enemigo con el aliado?