Rojos defendiendo a los invasores: la factura de la pasividad frente a Marruecos
Un vídeo en el que no se ve nada, salvo a las fuerzas de seguridad quedándose quietas mientras cruzan la frontera. Esa imagen de presunta pasividad en Ceuta ha reabierto la pregunta más incómoda de la política exterior española: ¿quién paga realmente la relación con Marruecos?
El coste económico de no defender la frontera
Las cifras que circulan no son menores. Se habla de una regularización de medio millón de migrantes, con datos que elevan la cifra hasta 1,3 millones según lo que manejan las fuerzas de seguridad. Mientras, la ley de nietos podría otorgar la nacionalidad española a dos millones y medio de personas que ni siquiera residen en el país. No es un debate identitario: es un programa de gasto y un cambio demográfico sin cuantificar.
La acusación lanzada contra la izquierda es directa: del PSOE hacia la izquierda, se la presenta como aliada de quienes cruzan la valla. La respuesta tampoco se hace esperar: la derecha 'patriota' mira hacia Washington y Tel Aviv, que según parte del análisis sostienen al régimen marroquí. Hay quien resume el asunto con una frase demoledora: 'Marruecos es un socio invasor fiable, y ya lo tiene Sánchez'.
El doble rasero según quién invada
La contradicción que denuncia un sector del debate es clara: cuando Rusia invadió Ucrania, se pedían correctivos para quienes defendieran a Moscú en España. Con Marruecos, esa exigencia se desvanece. Otros replican que el problema no es ideológico sino de intereses: Washington y Londres dictan la política exterior española, y el teatro anti-Trump de Sánchez sería puro maquillaje.
La comparación con el pasado resulta incómoda. En 2002, Aznar desalojó la isla de Perejil sin contemplaciones ni excusas. Hoy, la respuesta ante el pulso marroquí se negocia con inversiones y ayudas. La diferencia, se argumenta, no es la valentía sino el talonario: 'miles de millones a fondo perdido' en Marruecos cambian las prioridades.
¿Palos o estrategia?
Las soluciones oscilan entre la expulsión inmediata y la negociación, pasando por la idea de que el problema no es el migrante sino quien le abre la puerta. Un sector reclama firmeza y recuerda que la integridad territorial no se negocia. Otros señalan que el verdadero invasor no cruza la frontera a pie: son los fondos europeos y españoles que financian al gobierno de Marruecos mientras se abren las puertas a una regularización masiva.
El dato que descoloca no es cuántos cruzan, sino cuántos podrían llegar a ser españoles: dos millones y medio por la ley de nietos. Una cifra que nadie sabe si es el problema o la solución, pero que tiene un coste presupuestario que tampoco se ha calculado. Entre tanto, la guerra de etiquetas entre 'rojos' y 'patriotas' queda en segundo plano. La factura, mientras tanto, sigue creciendo.