Rubén Gisbert ha calificado de «vergonzoso» el trato que Pedro Baños da a un condenado por amenazar con un cuchillo, al que llama «chivato», y le reprocha que su única función pública sea la propaganda. El mensaje se apoya en la sentencia de Vaquero y en su enfrentamiento con Baños.
Rubén Gisbert ha publicado en X una crítica directa a Pedro Baños por el trato que este da a una persona a la que describe como condenada por amenazar con un cuchillo a quienes querían salir de su entorno. En el mismo mensaje, Gisbert califica a ese individuo de «analfabeto» y «chivato», y sostiene que su única función pública es lanzar propaganda. La publicación se produce en el marco de la pelea entre Vaquero y Baños y de la sentencia que afecta al primero.
El reproche a Baños y el uso de la sentencia
El núcleo del mensaje es una acusación de trato de favor. Gisbert no discute la sentencia: la usa como argumento. Da por hecho que existe una condena por amenazas con arma blanca y que esa circunstancia no impide que Baños mantenga un trato cercano con el condenado. La palabra «chivato» añade una segunda imputación, la de haber delatado a otros, que Gisbert no desarrolla.
El tono es de reproche personal, no de análisis jurídico. Gisbert no cita el número de sentencia ni el tribunal, y tampoco concreta las amenazas. Lo que sí hace es vincular la conducta del condenado con la credibilidad de quien lo respalda.
La pelea entre Vaquero y Baños como telón de fondo
El mensaje se enmarca en el enfrentamiento público entre Vaquero y Baños. Gisbert toma partido por el primero y presenta a Baños como alguien que presta su tribuna a un condenado. La referencia a la propaganda sionista sitúa la crítica en el terreno de la orientación editorial, no en el de los hechos probados.
No hay en el texto datos sobre fechas, importes ni órganos judiciales. La fuerza del mensaje es retórica: convierte una sentencia en un argumento moral contra quien mantiene el trato.
Un segundo mensaje que insiste
La publicación se acompaña de una segunda entrada, más breve, con un «¿Otra vez?». Esa repetición sugiere que Gisbert considera que el episodio no es aislado. Sin más contexto, la frase funciona como un subrayado: la crítica no va contra un hecho puntual, sino contra una conducta que se repite.
Conviene recordar que las afirmaciones sobre la condena y sobre el trato recibido son las que Gisbert sostiene en su mensaje. La existencia y el alcance de la sentencia, así como la conducta de Baños, son cuestiones que corresponden a los tribunales y a las partes.