Rufián acusa a Mohamed VI de asesino y a PP-Vox de traidores en un discurso que divide al Congreso
El discurso de Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados ha reabierto el debate sobre la posición de España frente a Marruecos. El portavoz de ERC no se anduvo con rodeos: calificó al rey marroquí de asesino, tildó a PP y Vox de traidores y describió al gobierno de Pedro Sánchez como pusilánime. La intervención, de apenas seis minutos, se ha convertido en un fenómeno viral y ha desatado una guerra de interpretaciones.
La paradoja del independentista que defiende la integridad territorial
Lo que más ha llamado la atención no son las acusaciones en sí, sino quién las pronuncia. Rufián, independentista confeso, pidió «orden en Ceuta» y defendió que el Rey debía acudir a la ciudad autónoma. Esa postura ha sido recibida con escepticismo por quienes recuerdan su historial separatista. «¿Habla de traidores a la patria un independentista?», se pregunta un análisis. La contradicción es evidente: el mismo partido que quiere romper España ahora se erige en defensor de su integridad territorial.
El trasfondo de la relación con Marruecos
Detrás del discurso hay una relación bilateral que acumula tensiones. Se menciona que el gobierno ha cedido a Marruecos el Sáhara, el Mundial de fútbol y miles de millones en desaladoras y vehículos para su policía. En el debate se recuerda que el PSOE lleva ocho años en el poder y que esa política de concesiones no ha evitado la crisis migratoria en Ceuta. La referencia de Rufián a la invasión franquista, cuando Franco trajo a 100.000 marroquís para «asesinar, robar y violar», añade un capítulo histórico incómodo.
División en el análisis: ¿profeta o demagogo?
Las reacciones son polarizadas. Hay quien ve en Rufián al único político que dice verdades incómodas, una «cátedra política» según algunos tuits. Otros lo consideran un «impostor» que cambia de discurso según el interlocutor. La crítica más dura señala que Rufián forma parte del gobierno que apoya, y que su discurso es pura demagogia. La mención a la diputada de ERC Najat Driouech, acusada de tener vínculos con Marruecos, añade más leña al fuego.
El análisis se atasca en una pregunta incómoda: ¿puede un independentista ser el mejor defensor de la unidad de España? La respuesta no es clara. Mientras tanto, el gobierno sigue sin dar una respuesta contundente a la crisis, y el discurso de Rufián queda como un espejo en el que nadie quiere mirarse.