La artillería rusa retrocedió de 4 a 20 kilómetros del frente
Rusia no se ha quedado sin cañones. Se ha quedado sin la cadena completa que va desde ver al enemigo hasta destruirlo.
Identificación, seguimiento y compromiso forman la llamada cadena de destrucción, y en un duelo de artillería gana quien la cierra antes. El ejemplo más simple es el de un pistolero del Oeste: ver al rival, seguirle y disparar primero.
El resultado de casi dos años de
guerra a gran escala es un ejército que ya no coloca sus piezas donde decía su propio manual.
De los 4 kilómetros del frente que marcaba la doctrina de antes de la guerra se ha pasado a entre 15 y 20 kilómetros, y las unidades salen solo durante periodos breves para ejecutar misiones de fuego. Es la diferencia entre disparar y seguir vivo.
Qué es la cadena de destrucción y por qué decide los duelos de artillería
La cadena se puede romper por dos vías. La primera es impedir que el adversario complete cualquiera de sus eslabones: evitar la detección, la evasión, la protección de armadura y las contramedidas físicas y electrónicas. La segunda es terminar la propia antes, como el pistolero que desenfunda más rápido. Ninguna de las dos es diplomacia; ambas son matemáticas de tiempo.
Sobre el papel los dos bandos tienen artillería. La pregunta es cuál ve antes, corrige mejor y dispara antes de ser localizado. Todo lo demás —el número de tubos, las toneladas de acero, la propaganda de los balances diarios— es secundario si el proceso se atasca en el primer paso.
Y se atasca. El desglose completo de los tres eslabones, con sus distancias y sus tiempos, está en el análisis que abrió esta discusión.
De la batalla profunda soviética al grupo táctico de batallón
La doctrina rusa no nació en 2022. Procede de la soviética, que se remonta a los últimos días de la Primera Guerra Mundial. Donde los alemanes concentraron masa para romper el frente con movilidad —lo que luego sería la guerra relámpago—, el Ejército Rojo construyó los conceptos de «batalla profunda» y «operación profunda»: batir la retaguardia enemiga con artillería mientras la línea de contacto se mantenía estática, y después atravesarla con una masa blindada.
La potencia atómica y el aumento general de la potencia de fuego en los años cincuenta hicieron insostenible concentrar decenas de miles de hombres y vehículos en un punto. Las reformas de Zhukov empujaron hacia unidades operativas más pequeñas sin renunciar al objetivo de degradar al enemigo en profundidad. En las décadas de 1970 y 1980 se formalizó la llamada «guerra no lineal»: el batallón, de
800 a 1.000 soldados, pasó a ser la unidad táctica preferida, con sus propios contingentes antiaéreos, blindados, infantería mecanizada y artillería. Un cuerpo superaba los 25.000 hombres; una división, los 10.000.
Ese linaje desembocó en el Grupo Táctico de Batallón, el BTG,
abandonado en gran medida como modelo organizativo a finales de 2022. Los manuales nuevos existen. La instrucción que los convierte en táctica real, no tanto.
Por qué el fuego de contrabatería ruso ha bajado el ritmo
Las pérdidas obligan. Si la doctrina de preguerra dejaba la artillería de brigada a 4 kilómetros del frente, mantener ese despliegue equivale a regalar las piezas. La respuesta rusa ha sido retroceder hasta la franja de 15 a 20 kilómetros, aceptando a cambio tiempos de reacción peores y menos cobertura sobre la primera línea.
En el otro lado del balance, hay quien sostiene que la artillería occidental suministrada, más moderna, tiene más alcance y más precisión, lo que permite batir objetivos sin entrar en el radio de la contrabatería enemiga. Es exactamente el intercambio que describe la cadena: el que dispara primero desde fuera del alcance del otro completa su secuencia sin dar opción a la respuesta.
El contrapunto: Ucrania tampoco dispara gratis
Hay quien rebaja el entusiasmo con argumentos que no son menores. La artillería ucraniana sería igualmente ineficiente, con un número limitado de compañías capaces de un buen ajuste de tiro. Del lado ruso también existen batallones con corrección precisa, y muchos más que apuestan por la cantidad. La munición guiada es carísima y difícil de sostener en una guerra de desgaste: los obuses necesitan rondas «tontas» para fuego de supresión, y a la infantería le vendrían bien.
El resumen de esa corriente es incómodo para las dos propagandas: la precisión gana duelos, pero la logística decide campañas.
Y de munición nadie va sobrado.Las cifras que cada bando pone encima de la mesa
Las estimaciones de bajas son el terreno donde más se nota quién escribe. Circulan cifras de una proporción de cuatro ucranianos por cada ruso y de más de 500.000 ucranianos caídos. Del otro lado se subraya que Rusia no conserva ni la mitad de lo conquistado y que en tres meses de ofensiva las posiciones apenas se han movido unos kilómetros. La artillería explica parte de esa parálisis; no toda.
Si el desgaste se mantiene y ninguna de las dos cadenas se cierra con ventaja clara, lo previsible es más de lo mismo: frentes que se mueven a golpe de contrabatería y de infantería, sin rupturas. Con una reserva importante: la ventaja material con la que Rusia entró en la guerra era teórica, y las teorías no disparan.