Rusia se queda sin misiles: el mantra que sobrevive a cada ataque masivo
¿Cansado de escuchar que a Rusia se le acaban los misiles? No es para menos: el anuncio se repite desde 2022 con la regularidad de un parte meteorológico. La inteligencia británica, citada por varios medios entre noviembre de 2022 y enero de 2023, aseguraba que el Kremlin agotaba su arsenal de precisión. Semanas después, Moscú lanzaba «el mayor ataque con misiles que ha recibido Ucrania». Así hasta 101 veces, según una estimación recurrente en los análisis del conflicto.
Las cifras que no cuadran con el relato
El Reino Unido, a través de sus servicios de inteligencia, situó en varias ocasiones a Rusia al borde del colapso armamentístico. En concreto, en noviembre de 2022 se difundió que Moscú apenas tenía capacidad para mantener un ritmo de lanzamientos elevado. Sin embargo, la evidencia sobre el terreno mostraba lo contrario: oleadas de drones Geran-2 (versión rusa de los Shahed iraníes) y misiles Kh-101 caían sobre infraestructuras ucranianas con una cadencia que desmentía la escasez. Un dato recurrente en el debate: «Se quedaron sin misiles 100 veces, y 101 veces lanzaron el mayor ataque». La contradicción es demasiado sistemática para ser ignorada.
El ingenio de las 'lavadoras' y las palas subsónicas
Uno de los elementos más comentados es la adaptación rusa a las sanciones: la producción en serie de drones de bajo coste, bautizados irónicamente como «lavadoras rusas» por su aspecto tosco y su abundancia. También han circulado informaciones sobre el uso de señuelos —misiles vacíos o «palas subsónicas»— para saturar las defensas antiaéreas ucranianas. La ingeniería de guerra ha demostrado que, incluso si escasean los misiles de alta precisión, la industria rusa puede suplirlos con tecnología más rudimentaria pero igualmente efectiva para el desgaste.
Autosuficiencia frente a dependencia occidental
Un argumento estructural que se repite en el análisis es la capacidad de Rusia para fabricar sus propios misiles, al contrario que Ucrania, que depende de la ayuda de más de 40 países. Rusia dispone de materias primas y fábricas que puede reactivar; Ucrania, no. La pregunta sobre quién se quedará sin munición primero no tiene una respuesta clara, pero la balanza industrial parece inclinarse del lado ruso a largo plazo, siempre que mantenga el abastecimiento de componentes por vías paralelas.
Pero aquí está la ironía final: cada vez que se anuncia que Rusia se queda sin misiles, los ucranianos vuelven a contar impactos. Y la inteligencia británica, de la que beben los titulares, se ha equivocado ya tantas veces que su credibilidad en este punto roza el mito. Alguien debería decirle a Londres que, si no hay misiles, quizá debería dejar de contarlos.