El anuncio navideño ruso que sitúa a Europa sin luz y comiendo ratas
Un anuncio de Navidad difundido en Rusia sitúa a los europeos a oscuras, sin calefacción y comiendo ratas para llenar la cena. La reacción mayoritaria en Occidente no ha sido el desánimo, sino la carcajada, y ahí está la primera grieta del mensaje: una pieza concebida para desmoralizar ha acabado haciendo reír a su propio blanco. El vídeo contrapone una Rusia de mesas abundantes con un continente que, según su relato, se muere de hambre y de frío. Sobre ese contraste se ha montado una discusión que va mucho más allá del spot.
Qué muestra el anuncio y por qué se ha compartido tanto
El guion es elemental: mientras en Rusia se cena con la casa caliente, los hogares europeos pasan la Nochebuena a oscuras y con roedores en el plato.
El vídeo ha circulado como pieza de propaganda por redes y canales afines al Kremlin, y ha funcionado como espejo involuntario. Un analista lo resumía con una frase muy citada: a los rusos no los mueve el sueño de su propia felicidad, sino la desgracia ajena; y aun así, venía a decir, en Occidente seguimos siendo más ricos, más felices y —literalmente— mucho más cálidos de lo que el anuncio imagina.
La escena se ha replicado con sorna. Quien salía a pasear por una ciudad turística del Mediterráneo no encontraba, por más que se esforzara, calles sembradas de cadáveres por el hambre y el frío, sino terrazas llenas. Ese detalle resume el consenso más repetido:
el spot describe un invierno que no existe. Y no es menor el detalle de que el anuncio no aporta ni una cifra: apela a una sensación, no a un dato.
¿A quién va dirigido: a los europeos o a los propios rusos?
No hay acuerdo. Una parte lo lee como un ataque directo a Europa, un intento de instalar que el invierno se llevará por delante el nivel de vida del continente. La otra corriente sostiene lo contrario:
el destinatario real sería el público ruso, al que se le dice que aquí también se pasa hambre y que conviene aguantar porque el mal es compartido. En ese bando se apunta un detalle de calendario poco casual: en Rusia la Navidad ortodoxa no llega hasta el
7 de enero, así que la fecha del anuncio no parece improvisada.
El vranyo y la guerra del relato
Miente, sabemos que miente, y sabe que sabemos que miente. Así se describe el
vranyo, esa categoría rusa de la mentira que no pretende ser creída, solo tolerada y repetida.
Varios análisis recurren a ese término para desactivar el anuncio: no busca convencer a un escéptico, busca saturar el relato oficial. La contraposición llega sola. Si Occidente también fabrica propaganda, la diferencia estaría, según esta lectura, en el alcance: aquí un spot así lo verían cuatro gatos; allí, decenas de millones.
No es, en cualquier caso, una broma inocente de temporada. Encaja en una maquinaria que lleva meses repitiendo que sin Rusia no hay invierno que se aguante.
El dato que falta en el anuncio: la factura energética
El spot juega con un temor real, la
crisis energética europea agravada por la guerra de Ucrania. Pero la cronología no encaja del todo. Buena parte de la inflación que castiga al continente
venía de antes del conflicto, empujada por el precio de la energía y por decisiones internas, y no nació de este invierno. Hay quien va más lejos y enlaza el asunto con la interrupción de la producción europea de fertilizantes tras las sanciones contra Rusia, con consecuencias a plazo en el campo y en la cesta de la compra. Es una advertencia de largo recorrido, no un dato del vídeo.
Y aquí llega el punto que descoloca. La escena más ridiculizada —familias temblando en pisos sin luz— choca con una realidad donde el problema no ha sido la ausencia de comida, sino su precio. Esa es la distancia entre la propaganda y el recibo: nadie se muere de hambre, se paga más.
Rusia no es la salvación
Frente al entusiasmo de unos y la burla de otros, aparece una tercera posición, incómoda para los dos bandos: ni el anuncio acierta ni conviene leerlo como una victoria europea.
La propaganda es propaganda en las dos direcciones, y quien la acepta como dogma solo cambia de bando. La conclusión que más se repite es que el problema no es el spot, sino la facilidad con que se compra cualquier relato que halague al propio lado.
La pregunta queda abierta: si el anuncio iba dirigido a los europeos, ha fracasado; si iba dirigido a los rusos, ¿qué se consigue con una burla que el propio público objetivo celebra como un chiste? Nadie en el vídeo lo responde.