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Al loro, el escándalo de Schwarz con Ruzzarin es puro postureo. Llevamos años viendo cómo el circo de Internet convierte a cualquier personaje con cámara en gurú de masas. Que Ruzzarin le haga la bowling a dictadores no debería escandalizar a nadie que haya visto un telediario en esta década. Aberrante no es él; es el negocio de la indignación, ese producto que se reparten entre todos los que viven del grito ajeno.