Del veto de China al rebote: el bitcoin se hunde y vuelve a los 1.000 dólares
El 5 de diciembre de 2013 China prohibió a sus instituciones financieras operar con bitcoins. El precio, que un mes antes había tocado los 1.200 dólares, se despeñó hasta los 980 en cuestión de horas. La crónica de la muerte del activo estaba escrita. Semanas después, la misma divisa digital volvía a superar los 1.000 dólares. Ni el decreto del banco central chino ni las advertencias de los reguladores consiguieron hundirla del todo.
El episodio resume la anomalía de un mercado que recorre en minutos lo que otros tardan meses en hacer. Para unos es la prueba definitiva de que el
bitcoin es una burbuja especulativa. Para otros, la señal de que ningún Estado puede matar algo que no controla.
Qué dijo China y por qué hundió el precio
La medida vetó a los bancos y entidades financieras realizar transacciones con bitcoins. No prohibió tenerlos, pero cortó la vía por la que el dinero institucional accedía al mercado. En un activo de liquidez fina, el anuncio bastó para que la cotización cayera de golpe por debajo de los
1.000 dólares.
Era la primera gran advertencia de un banco central contra la moneda digital. Hasta entonces, las caídas del bitcoin habían respondido a su propia volatilidad. Esta vez había un actor poderoso moviendo ficha. La reacción fue refleja: pánico vendedor y un desplome que se aceleró en las horas siguientes.
¿Por qué el bitcoin cae y sube tan rápido?
La razón está en el volumen. En aquel momento, el libro de órdenes del principal mercado de intercambio apenas tenía
20.000 bitcoins en ventas hasta los 200 dólares, según los datos que circulaban. El volumen diario, sin embargo, rondaba los 50.000. Menos de lo que se mueve en una sola jornada. Con esa estructura, cualquier orden grande hunde el precio sin esfuerzo.
No es la primera vez. El bitcoin ya había caído de los 33 a los 4 dólares en 2011, y a principios de este mismo año se desplomó de 260 a 80. Cada vez, la caída parecía definitiva. Cada vez, el activo volvía a subir. La pauta se repite con una regularidad que desconcierta a quien intenta aplicar la lógica de los mercados tradicionales, donde un desplome del 60% suele preceder a meses de agonía, no a una recuperación exprés.
El volumen explica la montaña rusa. Lo que no explica es por qué cada vez hay más gente dispuesta a comprar en el suelo.
¿Puede un Estado prohibir realmente el bitcoin?
Aquí el análisis se divide. Hay quien sostiene que un veto bancario solo empuja la operación hacia canales privados, fuera del sistema financiero clásico, donde el Estado pierde capacidad de vigilancia. En contra pesa el argumento opuesto: si los bancos no pueden operar, el dinero grande se queda fuera y el mercado se queda sin oxígeno.
El problema de fondo es que una moneda digital no es una empresa con sede, cuentas ni empleados a los que apretar. Se puede bloquear su acceso al sistema financiero regulado, pero resulta mucho más difícil detener la red que la sustenta. Quien apostó a que este veto era el golpe de gracia dio por hecho algo que, semanas después, los datos no confirmaban.
Los que venden y los que aguantan
En este escenario conviven dos apuestas opuestas. Los bajistas vieron en la prohibición china la primera piedra del derrumbe definitivo y se colocaron a la baja mientras el precio caía. Los defensores del activo recordaron que cada desplome previo fue seguido por un nuevo máximo y sostuvieron que la subida continuaría durante el año siguiente.
El debate se ha vuelto tan personal como el dinero en juego. No faltan los que señalan que quien compró a 10 dólares y no vendió es el verdadero responsable de su suerte, ni los que recuerdan que el valor del activo nunca estuvo en su precio, sino en la idea que lo sostiene. Un detalle recurrente en la discusión: cuando la cotización se cerró en 400 dólares, muchos dieron la batalla por perdida. Poco después, el mismo mercado superaba el millar.
El mercado que parecía muerto en diciembre coquetea ahora con los 1.000 dólares. Quien vea aquí el final del bitcoin tendrá que explicar por qué la curva vuelve a subir cada vez que alguien anuncia su muerte. Y quien crea que esto solo puede ir hacia arriba, tendrá que explicar qué hacía cuando cotizaba a 1.200.