NN, Farrerons y Rubén Gisbert: la guerra civil que parte a la ultraderecha
Un matrimonio de conveniencia roto: hace semanas que los entusiastas de la nueva derecha radical asisten atónitos a un cisma que no para de escalar. Tres nombres –NN, Farrerons y Rubén Gisbert– copan las conversaciones en los círculos ultras, pero no para sumar, sino para tacharse de todo: desde "jetas" y "narcisistas" hasta "infiltrados del sistema".
El origen: una foto de Hitler y una herida de ego
Todo arranca con una imagen de Hitler saliendo de una iglesia. Los de NN defendían que el dictador era católico; Farrerons, apoyado en el testimonio del fotógrafo, lo negó. Un rifirrafe histórico que podría haberse quedado en anécdota, pero que destapó una rivalidad más profunda. Según el relato dominante, la furia de Farrerons –que se presenta como el ideólogo definitivo del fascismo– no es tanto doctrinal como personal: los de NN habrían "pasado de él" en el liderazgo del movimiento. Farrerons se considera el heredero de Giorgio Locchi, autor de 'La esencia del fascismo', y no tolera que NN le reste influencia.
Doxxing, amenazas y el Expediente Royuela
La trifulca ha ido mucho más allá de las redes sociales. Se denuncian amenazas físicas y una práctica que ha marcado el punto de inflexión: el doxxing. Según varias fuentes, Farrerons habría recurrido a un periodista de un medio municipal para revelar la identidad y el lugar de trabajo de un miembro de NN, provocando que perdiera su empleo. "Una maniobra antifa total", resume un analista. Además, se ha reactivado el controvertido 'Expediente Royuela', un documento que algunos califican de bulo conspiranoico y que Farrerons intentaría enterrar desde hace cinco años –según sus críticos– mientras otros lo consideran una patraña.
Un frente común imposible
Lo que más irrita a los observadores externos es la incapacidad de estas facciones para unirse contra lo que denominan "el Sistema". Un usuario lo expresó sin rodeos: "¿Por qué no pueden dejar de lado sus diferencias para formar un frente común contra el Sistema?" La respuesta que emerge del debate es cruda: ni siquiera hay acuerdo sobre qué es el Sistema. Para unos, todo el aparato institucional (parlamento, judicatura, partidos) es basura; para otros, el verdadero enemigo está dentro de sus propias filas. Rubén Gisbert, por su parte, es visto como un"pijopizpi" narcisista que solo busca representación política y separación de poderes –algo que choca con la visión más radical. El resultado: un sálvame Deluxe fascista con querellas y denuncias cruzadas.
Mientras las bases claman por unidad, los líderes se enredan en una pelea de gallos. La ultraderecha española, al menos en su versión más callejera, se parece cada vez más a un circo que a una alternativa de poder. Y por ahora, nadie le pone la lona.
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