Ibex 35: los 20.000 puntos abren la brecha entre euforia y aviso de burbuja
El Ibex 35 ha alcanzado los 20.000 puntos, un nivel que parecía nostalgia de años pasados. La subida esconde un dato contundente: en dos años el selectivo ha avanzado más de un 100%, así que quien invirtió 10.000 euros entonces tiene el doble, sin contar dividendos. La pregunta incómoda es si esto es un éxito de la economía española o un espejismo fabricado con liquidez. Como resume gráficamente una voz escéptica: el dinero no se crea ni se destruye, pero los mercados parecen haber aprendido a multiplicarlo.
Dos años para duplicarse: la banca como motor
Detrás del hito están los bancos. Representan cerca del 35% del índice y sus márgenes no dejan de crecer: cobran comisiones por gestión de las más altas de Europa, remuneran los depósitos con cuentagotas y disfrutan de una competencia que no aprieta. Buena parte del rebote se explica por estas entidades, que además reparten dividendos con generosidad. Los críticos ven ahí el verdadero modelo de negocio: rentabilidad vía comisiones, no vía crédito productivo. Hay incluso quien añade que el sector financiero español es uno de los más rentables del mundo en esta fase, y que ese es el anzuelo para que gestoras globales como Blackrock tengan al Ibex entre sus posiciones destacadas.
La impresora frente a la empresa productiva
Aquí se separan las lecturas. Para una corriente, el Ibex va bien porque las empresas que lo componen hacen las cosas bien, y su exposición internacional les permite vender aunque España crezca poco. Para la contraria, el motor es la emisión de dinero: los bancos centrales y la compra de deuda han inundado de liquidez los mercados, y eso ha inflado por igual bolsa, ladrillo y metales. La explicación se resume en una palabra repetida hasta la saciedad: impresora. Si el dinero se imprime sin que crezca la riqueza real, lo que sube no son las empresas, son los precios de los activos.
Máximos y periferia: quién se queda fuera
La euforia bursátil convive con datos incómodos. Mientras el selectivo celebra, la mayoría de la población ve cómo la inflación se come su poder adquisitivo y el ahorro no llega a final de mes. La brecha generacional es brutal: los menores de 40 apenas cuentan con un colchón de 5.000 euros y las herencias no dan para comprar una vivienda. Así que el rally del Ibex tiene un beneficiario muy concreto: quien ya tenía patrimonio invertido. El pequeño ahorrador, el que llega tarde y sin cultura financiera, corre el riesgo de comprar en el techo justo cuando todo el mundo le cuenta que la bolsa no puede bajar.
Comparar con Alemania y EE UU para no perder el norte
Una curiosidad: desde su inicio en 1992, el Ibex 35 con dividendos netos ha superado al DAX alemán. Pero hace poco más de un año ambos índices estaban empatados tras 32 años de historia, lo que explica que parte del revuelo fuera justamente haber dejado atrás a Alemania. Frente al S&P 500, la comparación es menos halagüeña: el selectivo español tardó 18 años en batir sus máximos, mientras el estadounidense los supera con frecuencia. Si se añaden los dividendos, la diferencia sigue siendo enorme. Cada cual que saque sus conclusiones.
Con los 20.000 puntos, el relato oficial puede cantar victoria. Pero el análisis se atasca en la pregunta que nadie termina de cuadrar: si la riqueza se crea en los balances de las empresas que venden fuera y el dinero impreso fluye hacia los activos, ¿cuánto de esa subida corresponde a la economía real de la calle? Hasta que alguien sepa cuánta liquidez se necesita para sostener este castillo, el escepticismo tiene motivo para quedarse. O, peor: para tener razón.