Almaraz vivirá hasta 2030 y deja en papel mojado el pacto con Sumar
El Gobierno ha decidido extender la vida de la central nuclear de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030. La orden del Ministerio para la Transición Ecológica, publicada en el BOE, renueva la autorización de los dos reactores de la planta extremeña, propiedad de Iberdrola, Endesa y Naturgy. Se cae así el calendario que contemplaba el cierre de la primera unidad en noviembre de 2027 y de la segunda en octubre de 2028. El acuerdo de coalición con Sumar, que preveía una salida ordenada de la nuclear, queda en el terreno de las buenas intenciones.
El riesgo de apagón que no está en el BOE
La decisión no se entiende sin mirar la red. En los últimos días se han registrado cortes de suministro a la gran industria para evitar el colapso, con el consiguiente golpe a la competitividad y al empleo. El sistema tira de gas para cubrir huecos, encareciendo el precio de la electricidad. Y el miedo a un nuevo apagón ha disparado los costes de los sistemas de ajuste hasta los 1.300 millones en lo que va de año, con su correspondiente reflejo en la factura. Cuesta llamar a esto planificación energética.
Una rectificación con muchas lecturas
La renovación de Almaraz tiene, cuando menos, una lectura política incómoda: la misma coalición que firmó el cierre nuclear es la que ahora lo aplaza. Hay quien ve en el movimiento la mano del lobby eléctrico, que habría condicionado el apoyo parlamentario; otros lo interpretan como el realismo de un Ejecutivo debilitado que no quiere un apagón en su mandato. Desde el otro lado, se recuerda que el propio Felipe González reconoció años después haberse arrepentido de la moratoria que frenó la construcción de Valdecaballeros. La historia, al menos, da para una hemeroteca.
¿Parche o apuesta de futuro?
De fondo queda la pregunta de si esto es un remiendo o un cambio de modelo. Las centrales españolas son de finales de los 70 y principios de los 80. Alargar su vida es posible; el reactor estadounidense más antiguo lleva en servicio desde 1969 y algunos prevén que los de los 70 lleguen a 2050. Pero lo que no se ve son planes para sustituirlas. Las estimaciones apuntan a que harían falta al menos cinco o seis reactores nuevos con tecnología propia, mientras China planea incorporar cientos de gigavatios en pequeños reactores modulares. Aquí, de momento, lo único concreto en el BOE es prorrogar lo que ya existe.
Nadie espera que esta prórroga cierre la cuestión energética. Probablemente Almaraz vuelva a la mesa mucho antes de 2030, con la misma pregunta de fondo: si España quiere industria, necesita una red que no dependa del capricho del viento y del sol. La decisión actual es un alivio, pero también un aviso: quien no planifica, acaba prorrogando emergencias.