Sánchez y el Rey: tres horas y media de reunión que no estaba en ninguna agenda
La reunión más larga de la legislatura entre Sánchez y Felipe VI no figuraba en las agendas oficiales. Duró tres horas y media en el Palacio de la Zarzuela, de las 16.00 a las 19.35, y la noticia llegó por testigos de THE OBJECTIVE, no por el canal institucional. El telón de fondo: la crisis de Ceuta y un reproche público del presidente al monarca por no haberse dejado ver en la ciudad autónoma.
Nada de eso se tradujo en un gesto visible. Ni comunicado conjunto, ni declaraciones a la salida, ni presencia del Rey en Ceuta al día siguiente.
El coste de una cita a puerta cerrada
Aquí conviene poner la lupa económica, porque el subtexto del encuentro no era solo diplomático. Una crisis fronteriza como la de Ceuta exige barcos, efectivos, ayudas a comercios y un plan de choque. Tres horas de despacho en Zarzuela sin anuncios contrastan con la factura que ya se está pagando sobre el terreno. En la discusión pública hay quien recuerda que la Casa del Rey vive de los presupuestos del Estado y que, en plena tormenta, el contribuyente tiene derecho a saber qué se pactó.
La versión oficialista sostiene que la reunión sirvió para alinear posiciones y que los efectos se verán en los próximos días. La lectura escéptica, la que domina el runrún, va más lejos: si el problema es la presión marroquí sobre Ceuta, lo que se necesita es un despliegue visible en la frontera, no una fotografía de despacho que ni siquiera se ha publicado.
El desliz de los «20 años» de reinado
Otro frente del análisis tiene que ver con la fiabilidad del relato presidencial. En las últimas horas se ha puesto el foco en una frase de Sánchez hablando de «más de 20 años» de reinado de Felipe VI, cuando el actual cuenta se acerca a los 12. El error, en un escenario de máxima tensión institucional, se convierte en munición para quienes sostienen que el presidente no cuida ni los datos elementales. Los defensores lo restan importancia: nadie se acuerda de un aniversario en plena crisis.
La anécdota, con todo, ilustra el ambiente: el encuentro se produce en una atmósfera enrarecida, con acusaciones cruzadas sobre quién debe estar en Ceuta y quién no. Hay incluso quien ironiza con que de la reunión saldría un ajuste de cuentas por el «presupuesto» de los años de más que arrastra la monarquía.
Monarquía a examen
No es un debate nuevo, pero cada cita reservada lo reactiva. Una corriente de análisis aprovecha para cuestionar la utilidad de la corona como árbitro en crisis exteriores: si la jefatura del Estado no se moja en la ciudad autónoma, su papel queda reducido al protocolo y la representación. La respuesta de los partidarios del statu quo es que la neutralidad institucional es precisamente su función, y que una visita en caliente habría dinamitado la posición mediadora del Rey ante Marruecos.
Lo que nadie discute es la duración. Tres horas y media es una eternidad para una conversación de trámite. Que no haya trascendido ni un síntoma de lo hablado es, a estas alturas, más ruido que silencio. La predicción prudente: habrá comunicado aséptico, gesto de unidad y cero novedades sobre el terreno. Ceuta, mientras, seguirá esperando algo más que una agenda secreta.