La Transfiguración del 6 de agosto: la fiesta que desafía a Hiroshima
El 6 de agosto es, para el calendario civil, la fecha del bombardeo atómico sobre Hiroshima. Para el calendario litúrgico católico, es la fiesta de la Transfiguración del Señor. El evangelio de hoy narra la escena del monte Tabor: Jesús transfigurado, Moisés y Elías a su lado, y una voz que dice: «Este es mi Descendiente amado». La coincidencia de fechas marca un contraste que ninguna homilía necesita subrayar: el esplendor divino frente a la devastación humana.
La comunidad que sigue a diario la liturgia ha fijado hoy un programa cerrado: adoración eucarística a las 18, rosario a partir de las 19.25 y misa a las 20. El Santo Rosario de la noche, a las 22.00, cierra la jornada. La primera lectura es de la segunda carta de San Pedro (1,16-19), con la voz que se oyó en el monte santo: «Este es mi Descendiente amado, en quien me he complacido».
La homilía corre a cargo del padre Santiago Martín, de los Franciscanos de María. Como complemento, se difunden los Apotegmas de los Padres del Desierto, una colección alfabética del siglo XVII compilada por Heribert Rosweyde. La tradición eremítica se cruza así con la liturgia de la Transfiguración: el silencio del desierto como antesala de la visión de la gloria.
El significado teológico es delicado. El evangelio de hoy, en clave de Transfiguración, anticipa la resurrección y muestra a Jesús en diálogo con Moisés y Elías. Pero el pasaje de 2 Pedro insiste en algo terrenal: «No nos fundábamos en fábulas fantasiosas», dice el apóstol. Un aviso contra la credulidad que ni el más escéptico de los analistas firmaría mejor.
¿Tiene sentido rezar el Rosario a las 22.00 en pleno agosto? La pregunta queda abierta, como la fe misma.