La lectura de Jeremías que reta a los profetas de pacotilla
El lunes 3 de agosto, la primera lectura del día no es un mensaje de consuelo al uso. Jeremías 28, 1-17 coloca al profeta de Anatot frente a Jananías, que anuncia el fin del exilio en dos años. La escena es un alegato contra las profecías complacientes: la verdad, recuerda Jeremías, rara vez se ajusta al calendario del poder.
En el calendario litúrgico, esta lectura se acompaña del salmo «Instrúyeme, Señor, en tus decretos» y, a las 22:00, la comunidad reza el Santo Rosario. La jornada incluye también la homilía del padre Santiago Martín, la Coronilla de la Divina Misericordia (recomendada a las 15:00) y una selección de los Apotegmas de los Padres del Desierto, un corpus de reflexiones que rara vez aparece en los resúmenes convencionales.
El eco del texto es inmediato: ¿cuántas voces oficiales han asegurado que la crisis se resuelve en dos años, como Jananías, mientras otros señalan la viga en el ojo? La liturgia no pregunta, pero la lectura invita a desconfiar de los profetas que dicen lo que se quiere oír.
La pregunta queda en el aire: ¿qué profecías de pacotilla nos venden hoy con etiqueta de realidad? Mientras tanto, el Rosario sigue a las 22:00, puntual.