El purgatorio, ese gran olvidado en los funerales modernos
"Quiero misericordia, y no sacrificio." La cita del profeta Oseas que Jesús repite en el evangelio del sábado 14 de marzo parece haberse convertido en el argumento perfecto para esquivar una de las doctrinas más incómodas del catolicismo: el purgatorio. En los últimos años, cada vez más homilías fúnebres aseguran que el difunto "ya está en la luz de Dios", sin matiz alguno. Pero ¿qué pasa con la purificación final?
La doctrina en entredicho
Una laica habitual en los círculos devotos narra cómo, tras asistir a dos funerales, escuchó a catequistas e incluso a un sacerdote afirmar con total seguridad que el fallecido "descansa en la paz del Señor" o que "tienes un angelito en el cielo". La pregunta que se hizo es la misma que muchos católicos se callan: ¿el purgatorio está cerrado por vacaciones? La doctrina tradicional, recogida en el Catecismo, sostiene que "los que mueren en la gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, pasan por una purificación después de la muerte" (CIC 1030). Pero en la práctica, la misericordia divina se ha convertido en una especie de amnistía automática.
El combate por la ortodoxia
Frente a esta deriva, algunos recurren a los clásicos. En los mismos hilos donde se comparten vídeos del Rosario y letanías, aparece la referencia a "El Combate Cristiano" de san Agustín, un texto que recuerda que la salvación no es un pase directo y que la lucha espiritual continúa hasta el final. La ironía es que mientras se reza por los difuntos, se les canoniza en el mismo responso. El purgatorio, ese lugar de esperanza y dolor, ha sido sustituido por un cielo de saldo.
El debate queda abierto: ¿es la misericordia una excusa para evitar la conversión? Lo que está claro es que, al menos en los funerales, el purgatorio se ha convertido en el gran tabú de la Iglesia contemporánea.
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